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Turquía

Información sobre Turquía

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Geografía e historia Turquía

Turquía es un rincón del mundo realmente especial porque funciona como un puente gigante que une dos continentes muy distintos, Europa y Asia. Se extiende sobre una península enorme que está rodeada de agua por casi todos lados, lo que le da una personalidad costera increíble. Al norte tienes el Mar Negro, al sur el Mediterráneo y al oeste el Mar Egeo, cada uno con su propio carácter y paisajes que te dejan sin palabras. Es esa ubicación tan estratégica la que ha hecho que el país sea un crisol de culturas y una mezcla de tradiciones que no vas a encontrar en ningún otro lugar del planeta.

Si hablamos de lugares icónicos, Estambul se lleva todo el protagonismo por ser la ciudad más grande y vibrante de toda la nación. Lo más curioso de este sitio es que está construido justo en el estrecho del Bósforo, lo que significa que una parte de la ciudad está en suelo europeo y la otra en suelo asiático. Caminar por sus calles es como saltar de un continente a otro en cuestión de minutos, rodeado de una historia que se siente en cada esquina. No es solo un centro financiero o un punto en el mapa, es el corazón donde late toda la energía de Turquía.

Para los que aman la naturaleza imponente, el Monte Ararat es el punto más alto del país y tiene un aspecto majestuoso con sus dos cimas gemelas. El Gran Ararat se eleva hasta los 5165 metros de altura y es un lugar cargado de espiritualidad y leyendas antiguas. Mucha gente lo considera un sitio sagrado y existe la creencia muy arraigada de que fue aquí donde el Arca de Noé finalmente tocó tierra después del gran diluvio universal. Es una montaña que impone respeto y que ha atraído a exploradores y creyentes durante siglos.

La historia de los asentamientos humanos en estas tierras es de las más antiguas que se conocen en todo el mundo. Hace unos 8800 años existió un lugar llamado Catal Hoyuk, que era básicamente un laberinto formado por unas 150 casas hechas de barro que estaban pegadas unas a otras. Lo más raro de este asentamiento es que no había calles entre las viviendas, así que los vecinos tenían que moverse por los tejados. Para entrar a sus casas, no usaban puertas laterales, sino que bajaban a través de unos huecos que tenían en el techo, algo que hoy nos parece una locura pero que les funcionaba muy bien.

Siguiendo con el pasado, hace unos 4000 años los hititas levantaron un imperio muy poderoso en lo que hoy conocemos como la meseta de Anatolia. Gobernaron durante cientos de años y fueron una pieza clave en la política de la época antigua. Justo cuando su poder empezaba a decaer, ocurrió la famosa Guerra de Troya, un evento que ha pasado a la historia gracias a la literatura y el cine. De hecho, se cree que las ruinas reales de la mítica ciudad de Troya se encuentran en una localidad llamada Hisarlik, también dentro de la región de Anatolia.

El rumbo del país cambió por completo en 1453 cuando los otomanos conquistaron la ciudad de Constantinopla, marcando el inicio de una era donde Turquía fue el centro de un vasto imperio. Después de mucho tiempo y tras los conflictos de la Primera Guerra Mundial, el país enfrentó una invasión por parte de Grecia. Esto dio paso a la guerra de independencia turca en 1920, un movimiento liderado por la figura histórica de Mustafa Kemal Ataturk. Fue un proceso intenso que terminó en 1923, cuando se proclamó oficialmente la República de Turquía y el país empezó a modernizarse.

Con el nacimiento de la república en 1923, la ciudad cambió su nombre oficialmente a Estambul y el país adoptó un modelo laico. Esto significó que el gobierno y la religión tomaron caminos separados, buscando una estructura estatal más contemporánea. Desde entonces, Turquía ha crecido manteniendo un equilibrio entre sus raíces profundas y una visión abierta al futuro. Es un lugar donde el pasado no es solo algo que lees en los libros, sino algo que ves y respiras cada día en sus paisajes, sus montañas y sus ciudades.

Regiones y centros turísticos Turquía

Ankara

Ankara

Naturaleza Turquía

La naturaleza en Turquía es de esas cosas que te sorprenden porque es mucho más variada de lo que uno se imagina al principio. El país tiene de todo, desde montañas altísimas hasta valles profundos y costas que parecen sacadas de una postal. Esa geografía tan caprichosa ha permitido que se formen paisajes muy distintos entre sí, llenos de joyas naturales que todavía se conservan casi intactas. Es un paraíso para cualquiera que disfrute perdiéndose en el verde de los bosques o sintiendo la brisa del mar.

Si te mueves por las zonas de la costa, donde el clima suele ser más suave, te vas a encontrar con un paisaje dominado por el maquis, que es ese bosque bajo de arbustos, o por los pinos rojos. Estos árboles son unos supervivientes natos porque necesitan muy poca agua para aguantar los veranos largos y secos que suelen tener por allí. Sin embargo, si decides subir un poco más en altitud, el escenario cambia por completo y aparecen bosques densos de pinos, abetos y cedros que dan una sombra increíble y un aire muy puro.

En los valles más bajos, donde el clima mediterráneo es mucho más dulce y constante, la tierra es súper generosa. Gracias a esas condiciones, se pueden cultivar un montón de frutas tropicales que llenan de color y sabor los mercados locales. Es increíble ver cómo en una misma región puedes pasar de la aridez de una colina a la exuberancia de una huerta llena de vida. Esa mezcla de climas hace que la biodiversidad sea uno de los tesoros más grandes que tienen los turcos.

Por otro lado, la zona que da al Mar Negro es otro mundo totalmente diferente, con un verde que parece que no se acaba nunca. Allí crecen árboles enormes como hayas, robles, arces y alerces, además de los abetos orientales que dominan las laderas más altas. En las partes más bajas, cerca de la playa, la gente aprovecha el terreno para plantar té, avellanas, lino y un montón de frutas como cerezas y ciruelas. Es una de las regiones más fértiles y húmedas, lo que le da un aspecto selvático muy especial.

La estepa turca también tiene su encanto, especialmente cuando llega la primavera y el paisaje se transforma. De repente, lo que parecía un terreno seco se llena de flores de todos los colores, como margaritas, violetas y amapolas que son súper resistentes a pesar de su apariencia delicada. Es un espectáculo visual que dura poco tiempo pero que es realmente intenso. En cuanto a los animales, Turquía tiene una variedad increíble, con más de 80,000 especies distintas, lo que supera con creces la diversidad que se encuentra en el resto de Europa.

En los bosques puedes encontrar desde aves rapaces majestuosas hasta animales más difíciles de ver como nutrias, cabras montesas, lince o gatos salvajes. Si te adentras un poco en el interior del país, llegas al lago de agua dulce Köyceğiz, un sitio famoso por sus aguas termales que antiguamente se creían medicinales. Allí también hay baños de barro y senderos para caminar que son una maravilla. Es un planazo subirte a un bote y navegar por los canales llenos de juncos mientras intentas ver alguna tortuga del Nilo nadando cerca.

Para los que buscan aventuras más fuertes, las montañas Kaçkar son el lugar ideal porque son las más largas y altas de la zona, llegando casi a los 4000 metros. Se extienden desde la frontera con Georgia hasta el Mar Negro y están cubiertas por bosques tropicales y subtropicales muy antiguos. No solo sirven para mirar el paisaje, sino que puedes hacer senderismo por lagos de montaña o lanzarte a practicar rafting. Y si te gusta la nieve, el esquí y hasta el heliesquí en sus pendientes verticales son experiencias que nunca vas a olvidar.

Clima Turquía

El clima en Turquía es una mezcla fascinante porque cambia radicalmente dependiendo de la zona en la que te encuentres. Esto pasa sobre todo por la forma en que están puestas las montañas, que corren paralelas a la costa y actúan como una barrera natural. Mientras que si estás cerca del mar el ambiente es bastante suave y agradable la mayor parte del año, en el interior de Anatolia la cosa cambia. Allí los veranos son abrasadores y los inviernos pueden llegar a ser realmente duros y secos.

Si te vas hacia la costa del Mar Egeo o del Mediterráneo, vas a disfrutar de un clima típico de película, con inviernos frescos pero lluviosos y veranos que son calurosos pero con esa brisa marina que ayuda mucho. Lo interesante es que hacia el este suele llover menos que en la costa del Mar Negro. En esa zona del norte el ambiente es mucho más húmedo y templado, con temperaturas que en verano rondan los 23 grados y en invierno no bajan mucho de los 7 grados de media.

Pero si te metes hacia el centro, en la meseta de Anatolia, prepárate para los extremos porque ahí el clima no tiene términos medios. Los inviernos en esta parte son gélidos y en las montañas del este las temperaturas pueden caer tranquilamente hasta los 30 o 40 grados bajo cero, algo que te congela los huesos. Hacia el oeste de la meseta el frío es un poco más llevadero, pero sigue siendo invierno de verdad. Luego, en verano, el calor aprieta fuerte y seco, superando muchas veces los 30 grados sin despeinarse.

Julio suele ser el mes más caluroso de todo el año, y en muchos sitios el termómetro sube hasta los 35 grados durante el día y se queda en unos 25 por la noche. Por el contrario, enero es cuando más toca abrigarse, con máximas que apenas llegan a los 14 grados y mínimas que pueden bajar hasta los 5 grados en las zonas costeras. En general, el verano turco es sinónimo de sol y cielos despejados, así que si viajas entre junio y agosto, lo más probable es que no veas ni una nube.

Muchos viajeros coinciden en que la primavera, que va desde marzo hasta mediados de junio, es posiblemente la mejor época para recorrer el país. El clima es súper moderado, no hace ni frío ni calor extremo, y los días son lo suficientemente largos como para aprovechar cada minuto fuera. Es ese momento del año donde todo está floreciendo y caminar por las ciudades o los senderos naturales es un auténtico placer. El aire se siente fresco y la luz del sol todavía no quema como en pleno verano.

El otoño también es una apuesta segura si quieres disfrutar de cielos azules y temperaturas cálidas sin los agobios del turismo masivo de julio. A medida que septiembre avanza hacia octubre, los días se van haciendo un poco más cortos y puede que te pille algún chaparrón, pero nada grave. En Estambul puedes esperar unos 21 grados a principios de otoño, mientras que en la costa todavía se mantienen los 24 grados. Ya cuando el invierno asoma la cabeza, las temperaturas bajan a los 12 o 15 grados.

Los meses de invierno traen consigo lluvias y mucho frío, e incluso nieve en bastantes partes del interior y del norte. Sin embargo, si te vas hacia el sur, a las playas de la costa mediterránea, todavía puedes encontrar días con un clima bastante agradable. Por ejemplo, mientras en Estambul el termómetro marca unos 5 grados, en la costa sur puedes estar a 10 grados o más. Al final del día, lo mejor es elegir bien la fecha según lo que quieras hacer, pero la primavera y el otoño siempre ganan por goleada.

Transporte en Turquía

Moverse por Turquía como turista es bastante sencillo porque el sistema de transporte público es muy variado y, por suerte, suele ser bastante económico. No importa si viajas con el presupuesto justo o si buscas algo un poco más cómodo, siempre vas a encontrar una opción que se adapte a lo que necesitas. Es un país que se mueve constantemente y eso se nota en la cantidad de gente que usa los trenes, buses y metros todos los días del año para ir de un lado a otro.

El sistema ferroviario es una de las opciones que más está creciendo, con unos 21 millones de personas usándolo anualmente. Tienen de todo un poco, desde trenes de alta velocidad que son súper modernos y ofrecen un servicio de primera clase, hasta trenes interurbanos que conectan las ciudades más grandes de forma eficiente. También hay rutas regionales para trayectos más cortos y algunos trenes internacionales que te permiten viajar hacia Europa o incluso hacia el Medio Oriente si tienes ganas de una aventura más larga.

En cuanto a los autobuses municipales, es importante saber que en la mayoría de las ciudades no puedes comprar el billete directamente al subir. Lo normal es que tengas que buscar un quiosco, una estación o alguna tienda autorizada para comprarlos antes de subirte. Por otro lado, existen los autobuses privados que suelen hacer los mismos recorridos pero que te dejan pagar a bordo. Estos últimos suelen ser un poco más cómodos y modernos, así que si te importa el confort, quizás te convenga buscarlos.

Un detalle que hay que tener en cuenta con los taxis es que los conductores a veces intentan pactar una tarifa fija con los que no son de la zona. Casi siempre esa tarifa fija va a ser más cara de lo que marcaría el taxímetro, así que lo mejor es insistir en que lo pongan en marcha desde el principio. La única excepción razonable suele ser cuando vas o vienes del aeropuerto, donde a veces sí hay precios estándar ya establecidos que pueden ser convenientes para evitar sorpresas.

Si vas a visitar ciudades grandes como Estambul, Ankara, Esmirna o Bursa, te vas a encontrar con redes de metro que funcionan bastante bien para evitar el tráfico. A veces el sistema puede ser un poco confuso al principio, como por ejemplo la falta de mapas de red claros en algunas estaciones hasta que pasas los tornos. Pero una vez que le pillas el truco, es la forma más rápida de moverte sin perder tiempo en los atascos monumentales que se forman en las horas punta.

Para los que tienen que cruzar distancias muy largas y no quieren pasarse muchas horas en la carretera, las aerolíneas locales son una salvación. Hay varias compañías que ofrecen vuelos internos por todo el país y los precios suelen ser bastante competitivos si los compras con algo de antelación. Es una manera genial de aprovechar el tiempo si quieres ver la costa y luego saltar a la zona de Capadocia o ir hasta el este sin cansarte demasiado. Al final, Turquía es tan grande que volar a veces es la opción más lógica.

Dinero y compras en Turquía

Si vas a viajar a Turquía, lo primero que tienes que saber es que la moneda oficial es la lira turca. Aunque es verdad que en muchos sitios turísticos aceptan euros sin problemas, la realidad es que casi siempre vas a salir perdiendo con el cambio que te apliquen. Lo más inteligente es pagar siempre con liras para conseguir un mejor trato y ahorrarte unos cuantos céntimos en cada compra. Puedes sacar dinero fácilmente en cualquier cajero automático usando tu tarjeta de débito habitual.

Turquía tiene esa ventaja de que puede ser tan barata o tan cara como tú decidas que sea, todo depende de tu estilo de viaje. Es muy difícil que alguien se vaya del país sin comprarse algún recuerdo, ya sea algo sencillo como una bolsa de especias locales o algo mucho más serio como una alfombra de nudo fino. Los mejores sitios para encontrar cosas de calidad son los grandes centros como Estambul, Capadocia o Bursa. No te dejes engañar pensando que en las fábricas será más barato, porque normalmente los mayoristas ya han pasado por allí antes.

En las ciudades verás un contraste muy chulo entre los bazares tradicionales que llevan siglos funcionando y los centros comerciales súper modernos que parecen sacados de una película. Los centros comerciales están ganando mucho terreno en los barrios más acomodados, pero el encanto de un bazar turco es algo que no se puede replicar. Perderse por esos pasillos llenos de olores, colores y gente gritando sus ofertas es una experiencia que tienes que vivir sí o sí.

Las alfombras turcas y los kilims, que son esas alfombras de tejido plano, son famosos en todo el mundo por lo bien hechos que están. Muchos de sus diseños tienen raíces que vienen desde la época del neolítico, lo que les da un valor histórico brutal. Eso sí, no pienses que por estar en Turquía van a ser regaladas; la calidad se paga y a veces es difícil encontrar piezas antiguas porque muchas se han vendido ya al extranjero. Hay que saber buscar y, sobre todo, saber apreciar el trabajo manual que llevan.

Otro sector donde Turquía brilla con luz propia es el de la joyería, tanto por el diseño como por la calidad de los materiales. Es un lugar excelente para comprar algo especial, aunque hay que tener en cuenta que el precio del oro ha subido bastante en todo el mundo últimamente. Aun así, la artesanía que encuentras allí es de un nivel muy alto y suele merecer mucho la pena si buscas una pieza única que no vas a ver en las joyerías típicas de tu país.

Por último, no podemos olvidarnos del cuero, que sigue siendo un negocio gigantesco en estas tierras. Históricamente la industria se concentraba en la zona de Anatolia occidental, pero hoy en día los talleres más potentes están en Esmirna y Estambul. Si vas a la costa mediterránea, especialmente por la zona de Antalya o Alanya, verás que hay muchísimas tiendas donde venden chaquetas y accesorios de piel. Es un producto con mucha tradición y, si sabes regatear un poco, puedes llevarte algo de gran calidad por un precio razonable.

Principales atracciones Turquía

Cuando uno piensa en viajar a Turquía, lo primero que suele venir a la mente son esas postales mágicas de Estambul, con sus cúpulas recortando el horizonte. Sin embargo, este país es un mosaico de experiencias que van mucho más allá de una sola ciudad, ofreciendo rincones que parecen sacados de un sueño o de una película de otro tiempo.

Desde las formaciones rocosas de Capadocia, que parecen esculpidas por gigantes juguetones, hasta las ruinas de Éfeso que guardan ecos de civilizaciones antiguas, cada paso por este territorio es una sorpresa. Las costas de los mares Mediterráneo y Egeo brillan con una luz especial, invitando a perderse en sus aguas mientras se descubre que cada región tiene su propia personalidad y secretos por contar.

Turquía está salpicada de monumentos que dejan a cualquiera sin palabras, como la imponente Santa Sofía, considerada por muchos una de las estructuras más bellas jamás levantadas por el hombre. No muy lejos, el Palacio de Topkapi nos permite imaginar cómo era la opulenta vida de los sultanes en un entorno que desborda lujo y leyendas en cada una de sus estancias.

Si buscas algo que parezca de otro planeta, las terrazas blancas de Pamukkale son una parada obligatoria, con sus aguas termales deslizándose sobre el travertino. También impresiona el Monasterio de Sumela, colgado literalmente de un acantilado en un entorno solitario que transmite una paz profunda a quien se aventura a visitarlo.

La historia se siente viva al subir al monte Nemrut para ver las enormes cabezas de piedra al amanecer, o al caminar entre los edificios abandonados de Ani, una ciudad que fue clave en la Ruta de la Seda. El teatro de Aspendos es otro tesoro romano que se conserva de maravilla, mientras que la antigua Pérgamo sigue dominando el paisaje desde las alturas de la actual Bérgama.

Para los amantes de la costa, la bahía de Oludeniz es un refugio de aguas tranquilas a un paso de Fethiye, y la playa de Patara destaca por sus dunas de arena dorada interminables. Si prefieres algo más cultural bajo techo, el Museo de Antalya es uno de los mejores del país para entender el pasado de esta tierra tan diversa.

La naturaleza también tiene sus caprichos, como el cañón de Ihlara, formado hace milenios por el río Melendiz entre los volcanes Hasan y Melendiz, creando un oasis verde en medio de la estepa. En la propia Antalya, se puede visitar el acuario de túnel más largo del mundo, una experiencia fascinante para caminar rodeado de vida marina por un pasillo de más de ciento treinta metros.

No podemos olvidarnos de las cascadas de Duden, un espectáculo natural donde el agua cae directamente hacia el parque de la ciudad o se precipita con fuerza hacia el mar. En el corazón de Estambul, la Mezquita Azul sigue siendo el lugar más visitado, cautivando a todos con sus miles de azulejos que crean una atmósfera visualmente perfecta.

Si buscas un rincón más escondido, el Valle de las Mariposas es un tesoro guardado entre acantilados verticales y saltos de agua cristalina que cortan la respiración. También destaca el Parque Nacional del Cañón Koprulu, un sitio ideal para quienes disfrutan de los deportes de aventura o de caminatas por senderos que ofrecen vistas mediterráneas inigualables.

Turquía es, en definitiva, un destino que lo tiene todo: paisajes naturales de impacto, un legado histórico inabarcable y una cultura vibrante que te recibe con los brazos abiertos. El país siempre se esfuerza por agradar al viajero, ofreciendo esa hospitalidad tan característica que hace que cualquier escapada se convierta en el viaje perfecto.

Turismo en Turquía

Turquía se ha ganado a pulso su lugar como uno de los destinos favoritos en todo el mundo, y no es difícil entender por qué al ver sus paisajes. El país es una mezcla fascinante de historia antigua y entornos naturales que parecen pintados a mano, donde cada rincón tiene una historia que contarte.

Desde los campos de olivos que decoran la zona del Egeo hasta las inmensas estepas del este, el paisaje turco es un escenario poético para las ruinas que lo salpican. En la Anatolia asiática es donde se encuentra quizás la parte más mágica, con esas chimeneas de hadas en Capadocia que dejan a cualquiera con la boca abierta.

Es un lugar donde puedes pasar de caminar por valles ondulados a subir a los pastos alpinos de las montañas Kackar en cuestión de unos pocos días. Las costas mediterráneas, con sus acantilados que quitan el aliento y sus playas de arena dorada, dejan una huella imborrable en la memoria de quien tiene la suerte de recorrerlas.

Muchos viajeros se quedan prendados de la serenidad del lago Egirdir, rodeado de montañas imponentes que se reflejan en sus aguas tranquilas. Explorar las penínsulas de la costa suroeste es otra de esas experiencias que te hacen sentir que el tiempo se detiene mientras disfrutas de la brisa marina.

En este país, las vacaciones pueden ser tan relajadas o tan movidas como tú quieras, ya que hay actividades pensadas para todos los gustos y edades. Si te gusta el agua, puedes probar el buceo en aguas cristalinas, el windsurf o incluso el rafting en los cañones que cortan las montañas más altas.

Una de las experiencias más bonitas es navegar en kayak sobre las ruinas sumergidas de Kekova, viendo cómo la historia descansa bajo el mar turquesa. Los cruceros tradicionales por el Mediterráneo y el Egeo son la forma ideal de ver la costa desde otra perspectiva, disfrutando del sol y del sonido de las olas.

Para los que prefieren las alturas, volar en parapente ofrece una descarga de adrenalina con vistas increíbles, aunque nada supera el paseo en globo sobre Capadocia al amanecer. Ver cómo cientos de globos se elevan sobre las formaciones rocosas mientras el cielo cambia de color es algo que hay que vivir al menos una vez.

Si prefieres tener los pies en la tierra, las rutas de senderismo como la Vía Licia son perfectas para descubrir paisajes escondidos y pequeños pueblos con mucho encanto. Estos caminos te llevan por pastos de montaña y senderos antiguos que te permiten conectar con la naturaleza de una forma muy pura y auténtica.

En las ciudades, la oferta cultural es inmensa y siempre hay algo nuevo que aprender o probar, desde un curso de cocina local hasta un baño relajante. Los hamams tradicionales son el lugar perfecto para olvidarse del estrés y sumergirse en una tradición que se ha mantenido viva durante siglos con mucho orgullo.

Planificar un viaje aquí es sencillo gracias a la gran cantidad de consejos y opciones disponibles para que no te pierdas nada importante. Turquía te espera con sus festivales, su arte y esa energía única que solo se siente cuando caminas por sus calles llenas de vida y color.

Alojamiento en Turquía

Encontrar un lugar donde dormir en Turquía es una tarea sencilla porque hay opciones para absolutamente todos los presupuestos y estilos de viaje. Desde complejos de lujo que parecen palacios modernos hasta pequeños rincones rurales, el país está preparado para recibir a sus visitantes con la mejor de las sonrisas.

Para los que buscan no tener que preocuparse por nada, los resorts de todo incluido en las costas del Egeo y del Mediterráneo son la elección estrella. Muchos de estos hoteles cuentan con sus propias playas privadas donde puedes pasar el día descansando bajo el sol con todas las comodidades a tu alcance.

Se suele decir que este país es un paraíso para los amantes de los hoteles, ya que combina las grandes cadenas internacionales con establecimientos locales con mucho carácter. La mayoría de los hoteles de renombre mundial se encuentran en las zonas más turísticas, asegurando siempre ese nivel de servicio que ha hecho famosa a la hospitalidad turca.

Si viajas con un presupuesto más ajustado, no te preocupes, porque hay hoteles de tres y cuatro estrellas en zonas muy céntricas que ofrecen una calidad excelente. Lo mejor es que, sin importar cuánto pagues, siempre notarás ese esfuerzo por hacer que te sientas como en tu propia casa.

Una opción que está ganando muchos seguidores es el alquiler de villas o apartamentos independientes, ideales para quienes buscan un poco más de privacidad y espacio. Estas villas suelen estar cerca del mar o en entornos rurales preciosos, y se pueden alquilar completas para grupos de amigos o familias que quieran ir a su aire.

Los hoteles boutique son otra joya que puedes encontrar por todo el país, especialmente en casas antiguas restauradas que tienen un encanto especial y mucha historia. Ciudades como Safranbolu, Mardin o Estambul esconden estos pequeños hoteles donde la decoración y el trato personalizado son los verdaderos protagonistas.

En las zonas más turísticas es muy común quedarse en pensiones o pequeños hostales familiares que suelen ser los lugares más acogedores para pasar la noche. Muchos de estos sitios tienen jardines compartidos o terrazas con vistas donde puedes charlar con otros viajeros o con los propios dueños mientras tomas un té.

Normalmente no es difícil encontrar una cama para pasar la noche sobre la marcha, aunque en temporada alta conviene ser un poco más precavido en las zonas de playa. Estambul también suele llenarse bastante, así que hacer una reserva por internet con algo de antelación te puede ahorrar algún que otro dolor de cabeza.

Para los viajeros más jóvenes o aquellos que quieren gastar lo mínimo, los albergues y hostales son una opción muy popular y cada vez más extendida. Aunque la cultura del "hostel" no es tan antigua como en otros países de Europa, en ciudades como Ankara o Izmir es muy fácil encontrar sitios económicos y muy bien situados.

Si eres de los que prefiere dormir bajo las estrellas, Turquía tiene lugares de una belleza natural increíble donde se puede acampar legalmente. Pueblos como Olympos o Kas son famosos entre los campistas, ofreciendo la posibilidad de plantar tu propia tienda en medio del bosque o alquilar una ya montada.

Incluso si recorres la famosa Vía Licia, encontrarás zonas preparadas para el camping donde descansar después de una larga jornada de caminata. También hay áreas específicas para caravanas, sobre todo en la ruta que va desde Estambul hasta Mugla, permitiéndote recorrer el país con tu propia casa a cuestas.

cocina y vajilla Turquía

La comida turca es una de las más ricas y variadas del mundo, algo que no sorprende cuando te das cuenta de todas las influencias culturales que han pasado por aquí. Cada una de las siete regiones del país tiene sus propios platos estrella, lo que convierte cualquier viaje en una verdadera aventura gastronómica de principio a fin.

Dos de los pilares fundamentales en su cocina son la mantequilla y la pasta de tomate, que le dan ese sabor tan característico a casi todos sus guisos. Dependiendo de dónde te encuentres, verás que usan más aceite de oliva, como en la zona del Egeo, o mantequilla de granja en las regiones del este y el sur.

La carne tiene un papel protagonista y suele cocinarse a la brasa, pero lo que realmente sorprende es el uso magistral que hacen de las verduras frescas. Berenjenas, calabacines, tomates y pimientos son la base de infinidad de recetas, ya sea en salsas, ensaladas o deliciosos platos horneados que te dejan con ganas de más.

Las verduras rellenas son un clásico que no puedes dejar de probar, igual que los pimientos asados que acompañan a muchos platos principales. La cocina turca es un auténtico paraíso para los amantes de la carne, con opciones que van desde pollos especiados hasta ternera o cordero cocinados a fuego lento.

Los métodos de preparación son variadísimos, destacando los famosos kebabs hechos sobre brasas de carbón que tienen un sabor ahumado único. También son muy populares las albóndigas, conocidas como kofte, que cada región prepara con su propio toque secreto de especias y hierbas frescas.

Al estar rodeada por cuatro mares, Turquía también ofrece una selección de pescados y mariscos que es una maravilla para el paladar. En las zonas costeras es habitual disfrutar de mejillones, calamares, cangrejos o incluso pulpo, todo preparado de una forma sencilla que resalta la frescura del producto del día.

No faltan en las mesas los platos de cuchara y las masas tradicionales que se han hecho famosas en todo el mundo por su sencillez y sabor. Los manti, que son una especie de pequeños raviolis con salsa de yogur, o el lahmacun, que muchos llaman la pizza turca, son opciones perfectas para una comida rápida pero deliciosa.

El doner kebab y el iskender son quizás los platos más conocidos fuera de sus fronteras, pero hay mucho más por descubrir como el pide o el yaprak sarma. Cada bocado es una mezcla de especias y texturas que reflejan la historia de un pueblo que ama comer bien y compartir la mesa con los demás.

A la hora del postre, la estrella indiscutible es el baklava, ese dulce de hojaldre con frutos secos y almíbar que es una auténtica explosión de azúcar. También hay opciones más suaves como el muhallebi, un pudin de leche muy delicado, o el kadaif, que deleitan a cualquiera que tenga un diente dulce.

Para terminar cualquier comida como un auténtico local, no puede faltar una taza de café turco, esa bebida espesa y aromática que se sirve en tazas pequeñas. Es el momento perfecto para charlar sin prisas y disfrutar de la sobremesa, una costumbre que los turcos valoran por encima de muchas otras cosas.

Cultura y tradiciones Turquía

La cultura de Turquía es un reflejo de su posición privilegiada entre dos mundos, mezclando tradiciones que han pasado de padres a hijos durante muchísimos años. Al estar justo en el límite entre Europa y Asia, se nota la influencia de pueblos griegos, árabes y armenios en muchos de sus gestos y costumbres diarias.

Hoy en día, la mayor parte de la gente vive en las ciudades, donde la vida es moderna y vibrante, aunque se siguen respetando mucho las raíces familiares. En cuanto a las creencias, la mayoría de la población sigue el islam sunní, conviviendo con una importante minoría kurda que también aporta su propia riqueza cultural al país.

El idioma oficial es el turco, que utiliza el alfabeto latino y es la lengua materna de casi todo el mundo, aunque la gente es muy abierta a comunicarse. En las zonas más turísticas no tendrás problemas para entenderte en inglés, y a veces incluso en francés o alemán, ya que están muy acostumbrados a recibir gente de fuera.

Si algo define a los turcos es su hospitalidad, pues son personas que se desviven por sus invitados y siempre buscan que te sientas cómodo y feliz en su casa. Para ellos, la familia es lo más importante del mundo y eso se nota en la forma en que cuidan sus relaciones y celebran cualquier ocasión especial.

La música es una parte esencial de su día a día, con una mezcla de sonidos tradicionales que se funden con estilos modernos y ritmos actuales. Es muy común escuchar estas melodías en celebraciones, bodas o simplemente en las cafeterías, creando un ambiente siempre alegre y acogedor que te envuelve.

El arte turco es famoso por sus diseños detallados y el uso de colores muy vivos, algo que se puede apreciar en sus cerámicas, alfombras y arquitectura. Se nota mucho el peso de la historia otomana, pero también hay toques bizantinos e islámicos que crean una estética única y muy fácil de reconocer.

El país ha dado al mundo artistas de un nivel impresionante en casi todas las disciplinas imaginables, desde la literatura hasta el cine o la danza. Escritores como Yasar Kemal u Orhan Pamuk, que ganó el Premio Nobel, han llevado las historias de Turquía a lectores de todos los rincones del planeta.

En el cine, directores como Nuri Bilge Ceylan han recibido premios internacionales por su forma de captar la realidad del país con una sensibilidad especial. Incluso en el mundo del baile, figuras como Tan Sagturk son reconocidas por su talento y su capacidad para emocionar al público de cualquier nacionalidad.

Si hablamos de pasiones, el fútbol es el deporte rey y se vive con una intensidad que pocas veces se ve en otros lugares del mundo. Los éxitos de su selección nacional en el pasado todavía se recuerdan con orgullo, aunque el baloncesto y el voleibol también tienen muchísimos seguidores y equipos de gran nivel.

Los festivales son otro pilar de su cultura, desde competiciones de lucha que tienen siglos de antigüedad hasta festivales de música moderna en plena ciudad. Eventos como el Ramadán, el festival de globos en Capadocia o el de los tulipanes en Estambul son momentos mágicos para conocer la verdadera alma de este país tan especial.

Clima en Turquía

El tiempo por mes

Enero

+14° С +17° С
+14
+17
Enero

Febrero

+15° С +17° С
+15
+17
Febrero

Marzo

+17° С +17° С
+17
+17
Marzo

Abril

+21° С +18° С
+21
+18
Abril

Puede

+27° С +20° С
+27
+20
Puede

Junio

+33° С +23° С
+33
+23
Junio

Julio

+35° С +26° С
+35
+26
Julio

Agosto

+38° С +27° С
+38
+27
Agosto

Septiembre

+32° С +26° С
+32
+26
Septiembre

Octubre

+27° С +25° С
+27
+25
Octubre

Noviembre

+17° С +23° С
+17
+23
Noviembre

Diciembre

+15° С +19° С
+15
+19
Diciembre

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