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Información sobre Rusia

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Geografía e historia Rusia

Rusia es, sin lugar a dudas, el país más extenso que existe en nuestro planeta. Su tamaño es tan inmenso que ocupa aproximadamente una octava parte de toda la superficie terrestre emergida. Para que nos hagamos una idea de su magnitud, el territorio está repartido en nada menos que once husos horarios diferentes. Además de ser el gigante global en cuanto a territorio, destaca por ser la nación más septentrional y cuenta con una población muy numerosa que se distribuye de forma particular. Gran parte de sus tierras se encuentran situadas más allá del Círculo Polar Ártico, lo que define mucho su carácter y su paisaje.

Si miramos el mapa, vemos que este país se ubica en la zona noreste del continente euroasiático. Por el norte, sus costas se bañan con las gélidas aguas del océano Ártico, mientras que por el este limita con el océano Pacífico. Al sur, el paisaje cambia y se encuentra con las aguas del mar Negro y el mar Caspio. Un detalle geográfico fundamental son los montes Urales, que atraviesan el territorio de norte a sur. Estas montañas no son solo un accidente geográfico, sino que marcan la frontera tradicional entre Europa y Asia.

Los Urales son extremadamente valiosos porque esconden en su interior una cantidad enorme de minerales y combustibles fósiles. Gracias a esta riqueza natural, la región se convirtió en un pilar fundamental para el desarrollo industrial de toda la zona. Los recursos que se extraen de allí y de sus alrededores son la base para la fabricación de muchísimos productos y para el comercio exterior. Por otro lado, si buscamos el punto más alto de la nación, tenemos que dirigir la vista hacia el Cáucaso. Allí se alza el monte Elbrus, que es la cumbre más elevada de todo el país.

El sistema fluvial también es impresionante y vital para la vida en la parte europea. Entre los ríos más importantes que recorren estas tierras están el Don, que termina en el mar Negro, y el famosísimo Volga, que desemboca en el mar Caspio. También encontramos el Dvina Septentrional que fluye hacia el mar Blanco y el Dvina Occidental que llega al Báltico. No podemos olvidar el río Pechora, cuyas aguas van a parar al mar de Barents. Todos ellos han sido históricamente rutas de transporte y fuentes de vida para los asentamientos humanos.

El territorio ruso se suele dividir en cinco grandes zonas naturales muy distintas entre sí. Primero está la tundra, luego la taiga o zona boscosa, seguida de la estepa o llanura, la zona árida y, por último, la zona de montaña. La mayor parte de la superficie terrestre se compone de dos llanuras gigantescas y dos mesetas principales. Hablamos de la llanura de Europa Oriental y la llanura de Siberia Occidental, que son espacios llanos que parecen no tener fin. Por otro lado, están las tierras bajas del norte de Siberia y de Kolymá, junto con la meseta de Siberia Central y la meseta del Lena.

Casi el diez por ciento del país está cubierto por la tundra, que es básicamente una llanura pantanosa donde no crecen los árboles. Esta zona es la más septentrional y se extiende desde la frontera con Finlandia hasta el estrecho de Bering. Luego sigue bajando por la costa del Pacífico hasta llegar a la parte norte de la península de Kamchatka. Es un lugar de condiciones extremas donde la naturaleza se muestra en su estado más puro y duro. Rusia tiene la suerte de ser inmensamente rica en recursos como el carbón, el hierro, el petróleo y el gas natural.

Toda esta riqueza en oro y minerales fue lo que permitió que la antigua Unión Soviética se transformara en una potencia industrial de primer nivel. Resulta interesante notar que la mayoría de la gente y las industrias principales se concentran al oeste de los Urales. Esta zona, conocida como la llanura rusa, abarca lugares clave como la región de Moscú, el Volga y los propios Urales. Moscú, como capital, funciona como el corazón de todo el distrito industrial central. Es el punto de conexión donde todo sucede y desde donde se dirige el rumbo económico.

La historia de este vasto territorio comienza con la llegada de los pueblos eslavos, que tienen raíces indoeuropeas. Ya en el siglo nueve apareció el estado de la Rus de Kiev, que fue una potencia eslava oriental muy fuerte durante tres siglos. Aquellas tierras funcionaban como una federación de pequeños principados que compartían el mismo idioma, la religión y las tradiciones. Aunque todos estos territorios estaban gobernados por la familia Rurik, las peleas internas eran constantes. Estas luchas entre hermanos y parientes acabaron provocando que la Rus de Kiev se fragmentara políticamente.

Más adelante, la llegada de Pedro el Grande supuso un cambio radical en todos los aspectos de la vida pública y estatal. Sus esfuerzos dieron frutos increíbles, logrando que el país se convirtiera en una verdadera potencia marítima. Gracias a sus reformas, el desarrollo se aceleró y la nación ocupó el lugar que le correspondía entre los estados europeos más importantes. Después vino la época de Catalina II, a menudo llamada la edad de oro de la nobleza. Ella impulsó lo que se conoce como el absolutismo ilustrado y terminó de dar privilegios a la clase noble.

El Imperio Ruso se fue formando poco a poco a medida que el principado de Moscú se expandía hacia el este. Fue así como, en el siglo diecisiete, las fronteras llegaron finalmente hasta las orillas del océano Pacífico. Sin embargo, el colapso del imperio y las revoluciones influenciadas por ideas externas trajeron un cambio total de sistema. Se estableció el poder soviético en todo el territorio, marcando el inicio de una era completamente distinta. El 30 de diciembre de 1922 se anunció oficialmente la creación de la Unión de Repúblicas Socialistas Soviéticas.

Antes de que la URSS naciera como tal, las repúblicas amigas ya colaboraban estrechamente en temas militares y de defensa. También compartían lazos económicos muy fuertes y una política exterior común para protegerse de las intervenciones extranjeras. Pero todo principio tiene su fin, y en 1985 Mijaíl Gorbachov anunció la famosa Perestroika. Este conjunto de reformas políticas y económicas buscaba modernizar el sistema, pero para inicios de los noventa, la situación llevó a la disolución de la Unión. Finalmente, el 12 de diciembre de 1993 se aprobó la Constitución actual.

Con esta nueva carta magna, el país se definió como un estado federal democrático con una forma de gobierno republicana. Al frente de todo se encuentra la figura del presidente, quien dirige los destinos de esta nación tan compleja y extensa. Hoy en día, Rusia sigue siendo el país más grande del mundo, un lugar donde la historia y la geografía se funden de manera única. Es un territorio que ha sabido transformarse a lo largo de los siglos, pasando de principados divididos a un imperio y luego a una federación moderna.

Regiones y centros turísticos Rusia

Naturaleza Rusia

Si hablamos de naturaleza, Rusia es un auténtico santuario de biodiversidad con más de ciento veinticinco mil especies de animales diferentes. Esta cifra tan impresionante se debe a que el país cuenta con una variedad de ecosistemas que parece no tener fin. Podemos encontrar desde desiertos polares y tundras heladas hasta bosques cerrados de taiga y estepas que se pierden en el horizonte. También existen zonas de bosques mixtos, regiones semiestériles e incluso pequeños oasis de clima subtropical. En medio de toda esta fauna, el animal que representa con más orgullo a la nación es el oso pardo euroasiático.

En la parte más al norte del país manda la tundra, una tierra virgen donde apenas crecen musgos, líquenes y brezos. El suelo aquí es tan duro debido al frío eterno que a los árboles les resulta imposible echar raíces profundas. Es una región extremadamente fría y donde vive muy poca gente, por lo que los animales son los verdaderos dueños del lugar. En estos parajes es común ver osos polares, focas y grandes manadas de renos moviéndose con total libertad. Es un paisaje austero pero que tiene una belleza salvaje muy especial.

A medida que bajamos hacia el sur, el paisaje se transforma y la tundra da paso a la inmensa taiga. Aquí el suelo ya permite que la vegetación sea mucho más frondosa y aparecen bosques interminables de abetos, alerces y pinos. Si seguimos avanzando en esa dirección, empiezan a mezclarse árboles de hoja caduca como el arce, el álamo y el abedul. El abedul es, de hecho, el árbol más emblemático de toda Rusia y su corteza se usa tradicionalmente para crear artesanías preciosas. En estos espesos bosques habitan animales como ciervos, jabalíes, liebres y depredadores como el lobo o el lince.

Finalmente, si seguimos el camino hacia el sur, los bosques se van aclarando hasta convertirse en la hermosa estepa. Este ecosistema de grandes llanuras herbáceas se extiende por miles de kilómetros hasta llegar incluso a las fronteras con Mongolia. Es un cambio de escenario radical comparado con las selvas de pinos del norte. Pero Rusia también tiene lugares únicos que son como mundos aparte, como ocurre con el lago Baikal. Este lago tiene su propio clima y una flora y fauna que no existen en ninguna otra parte del planeta.

Un ejemplo perfecto de esta exclusividad es la nerpa de Baikal, que es la única foca de agua dulce que se conoce en el mundo. El lago también es el hogar de peces muy especiales como el omul, un manjar muy apreciado en la gastronomía local. Para proteger toda esta riqueza, el país ha creado muchísimos parques naturales y reservas protegidas donde se intenta conservar el hábitat original. Son lugares ideales para quienes disfrutan observando la naturaleza sin interferencias humanas. Es una oportunidad única para ver cómo conviven especies tan distintas en un solo territorio.

Incluso en las condiciones más difíciles de la tundra del norte, la vida se abre paso con pequeñas plantas y flores resistentes. Por otro lado, en las zonas de los Urales del Sur, las praderas se llenan de color gracias a una gran cantidad de flores silvestres. Allí crecen especies como el acónito, la delphinium y las famosas amapolas orientales que decoran el campo. Algo que mucha gente no sabe es que los tulipanes rusos originales son los antepasados de los tulipanes que hoy se cultivan en todo el mundo. Es fascinante pensar que esas flores tan populares tienen sus raíces en estas tierras tan lejanas.

La variedad vegetal es tan rica que cada región tiene su propio olor y color característico dependiendo de la estación del año. En primavera, las estepas se cubren de un manto verde y florecido que desaparece rápidamente bajo el sol del verano. En otoño, los bosques de abedules se vuelven dorados, creando un espectáculo visual que ha inspirado a poetas y pintores durante siglos. La relación de los rusos con su tierra es muy profunda, ya que la naturaleza siempre ha sido su proveedora de alimento y refugio. Es un país que te sorprende en cada kilómetro que recorres por la diversidad de su vida silvestre.

Incluso en las zonas más secas o semidesérticas, hay especies adaptadas a la falta de agua que logran sobrevivir de manera asombrosa. Cada rincón del territorio, por muy inhóspito que parezca, tiene una función dentro de este gigantesco equilibrio ecológico. La protección de estos espacios es un reto constante, especialmente con los cambios climáticos que afectan a las zonas polares. Sin embargo, el esfuerzo por mantener estas reservas naturales sigue siendo una prioridad para conservar el legado biológico del país. Visitar estos lugares es como hacer un viaje a través de todos los climas del mundo en un solo viaje.

Es curioso cómo el oso pardo se ha convertido en un símbolo de fuerza y resistencia que refleja muy bien la mentalidad de la zona. Se le respeta y se le teme a la vez, y su presencia en los bosques es señal de que el ecosistema está sano. Por otro lado, las aves migratorias también juegan un papel crucial, recorriendo distancias enormes para anidar en las zonas protegidas de Rusia. Desde el águila imperial hasta los pequeños pájaros cantores de los bosques mixtos, el cielo ruso siempre está lleno de vida. En resumen, la naturaleza rusa es un tesoro que todavía guarda muchos secretos por descubrir.

Clima Rusia

El clima en Rusia es mayoritariamente continental, y esto se debe sobre todo a su inmenso tamaño y a su forma tan compacta. Para que te hagas una idea, la mayor parte de sus tierras están a más de cuatrocientos kilómetros del mar más cercano. De hecho, el centro del país se encuentra a una distancia asombrosa de casi cuatro mil kilómetros de cualquier costa. Esta falta de influencia oceánica hace que las temperaturas sean mucho más extremas de lo que solemos ver en otros lugares de Europa. Es un clima de contrastes fuertes donde el invierno suele ser el protagonista absoluto durante gran parte del año.

En más de la mitad del territorio, el suelo permanece cubierto de nieve durante unos seis meses seguidos. Lo más impactante es que el subsuelo está congelado de forma permanente hasta profundidades de varios cientos de metros, algo que llaman permafrost. En casi toda la zona europea del país, la temperatura media anual no llega siquiera a los cero grados. Básicamente, se podría decir que allí solo existen dos estaciones reales: el invierno y el verano. Las épocas de transición, como la primavera y el otoño, son increíblemente cortas y pasan casi sin que te des cuenta.

A pesar de esta regla general de frío intenso, hay algunas zonas que rompen totalmente con este esquema y son excepciones muy interesantes. Por ejemplo, en el enclave de Kaliningrado, junto al mar Báltico, el clima es mucho más suave y oceánico, parecido al del noroeste de Estados Unidos. Por otra parte, en el Lejano Oriente ruso, la cercanía del océano Pacífico crea un clima de monzones. Esto significa que los vientos cambian de dirección según la estación, haciendo que las temperaturas varíen de forma muy brusca entre julio y enero. Es un fenómeno meteorológico muy particular que no se ve en el resto del país.

También existe una pequeña franja de territorio que disfruta de un clima subtropical, lo que la convierte en el destino favorito para las vacaciones de verano. Se trata de la costa del mar Negro, donde el ambiente es mucho más cálido y relajado. Durante el invierno, se forma un sistema de alta presión muy fuerte que empuja los vientos desde el sur hacia todas las regiones del Pacífico. En cambio, cuando llega el verano, las bajas presiones atraen vientos del norte que refrescan gran parte del interior. Esta combinación de vientos ayuda a que en invierno no haya tanta diferencia térmica entre el norte y el sur.

Si nos fijamos en los datos reales, las temperaturas pueden llegar a ser escalofriantes en ciertos puntos del mapa. En San Petersburgo, la media de enero ronda los ocho grados bajo cero, pero si nos vamos a la llanura de Siberia Occidental, la cifra baja hasta los veintisiete negativos. El caso más extremo es Yakutsk, en el corazón de Siberia, donde el termómetro marca unos impresionantes cuarenta y tres grados bajo cero de media. Lo curioso es que Yakutsk está más o menos a la misma latitud que San Petersburgo, lo que demuestra lo mucho que influye estar lejos del mar.

En las zonas cercanas a la frontera con Mongolia, que están mucho más al sur, el invierno es solo un poquito más cálido que en el norte. Sin embargo, cuando llega el verano, la situación cambia y el calor sí que depende mucho más de la latitud en la que te encuentres. En las islas del Ártico, los meses más calurosos apenas alcanzan una media de cuatro grados sobre cero. En cambio, en las regiones situadas más al sur, el promedio veraniego sube hasta los veinte grados, proporcionando un alivio necesario. En Crimea, por ejemplo, los veranos son todavía más calurosos y soleados.

Vivir en un clima así requiere una adaptación constante y una infraestructura preparada para aguantar condiciones muy duras. Los edificios tienen muros gruesos y sistemas de calefacción muy potentes que funcionan sin parar durante meses. La nieve, aunque es bonita, supone un reto logístico enorme para limpiar las carreteras y mantener las ciudades funcionando. Pero los rusos están más que acostumbrados y disfrutan de las actividades invernales como si fuera lo más normal del mundo. El frío es parte de su identidad y han aprendido a sacarle provecho a pesar de las dificultades.

La llegada del verano se celebra con mucha alegría porque es el momento en que la naturaleza despierta de golpe tras el largo sueño helado. Los días se vuelven larguísimos, especialmente en el norte, donde ocurren las famosas noches blancas en las que el sol apenas se pone. Es un periodo de mucha actividad donde la gente aprovecha cada rayo de sol antes de que el invierno vuelva a asomar. La rapidez con la que cambia el paisaje en solo unas semanas es algo que deja a cualquier viajero con la boca abierta. Es un ciclo eterno de hielo y vida que se repite año tras año.

Resulta fascinante cómo un mismo país puede tener desiertos de hielo y playas donde la gente toma el sol en pleno julio. Esa diversidad climática es la que permite que existan tantos tipos diferentes de agricultura y de estilos de vida en sus distintas regiones. Aunque la imagen típica de Rusia sea siempre la de una estepa nevada, la realidad es mucho más rica y compleja. Entender su clima es fundamental para comprender por qué el país se ha desarrollado de la manera en que lo ha hecho. Es, sin duda, una tierra moldeada por la fuerza de sus estaciones.

Transporte en Rusia

Viajar por un país tan inmenso como Rusia requiere conocer bien todas las opciones disponibles, ya que las distancias pueden ser realmente abrumadoras. Hay muchas formas de moverse, desde volar por los cielos hasta usar el metro en las grandes ciudades, pasando por autobuses y trenes. Para el turista que tiene poco tiempo, el avión se convierte en un aliado que no tiene comparación. La compañía más grande y conocida es Aeroflot, que conecta prácticamente todos los rincones del país con vuelos nacionales e internacionales. Con unos trescientos aeropuertos en total, la conectividad es bastante buena.

De esos trescientos aeropuertos, más de cincuenta tienen una importancia nacional clave para el transporte de pasajeros. Los vuelos entre las ciudades más grandes salen casi todos los días, mientras que para destinos menos frecuentados suele haber un par de conexiones por semana. Por otro lado, si lo que buscas es algo más económico y tradicional, el tren es la opción preferida por la mayoría. El sistema ferroviario es enorme, con más de ochenta y cinco mil kilómetros de vías que atraviesan bosques y llanuras. Es la forma más accesible y popular de recorrer el interior del país.

Hoy en día, la mayor parte de los viajeros que usan el tren se mueven en trayectos de cercanías o dentro de las propias áreas metropolitanas. Pero también hay trenes de larga distancia que ofrecen un servicio regular hacia otros países de Europa y Asia. Es una experiencia única sentarse junto a la ventana y ver cómo cambia el paisaje durante horas o incluso días. Para moverse dentro de las ciudades, el transporte terrestre cuenta con una red muy completa de autobuses, tranvías y troles. También están los famosos microbuses, que suelen ser una opción rápida para trayectos cortos.

El autobús es, por mucho, el medio más utilizado, transportando a miles de millones de personas cada año en todo el territorio. Los tranvías y trolebuses, aunque son muy comunes, llevan a menos gente, pero siguen siendo una parte esencial del paisaje urbano ruso. En cualquier ciudad importante vas a encontrar servicios de taxi que funcionan bastante bien y son fáciles de conseguir. Lo bueno de los autobuses y de los taxis compartidos es que son muy baratos y pasan con mucha frecuencia, normalmente cada diez o quince minutos. Los puedes encontrar fácilmente en las paradas que hay cerca de los aeropuertos.

Para comprar los billetes de transporte urbano, lo habitual es acudir a quioscos especiales o comprarlos directamente al subir al vehículo. Si lo que quieres es evitar el tráfico y llegar rápido a tu destino, el metro es, sin duda, la mejor opción disponible. No solo es el medio más rápido y económico, sino que también suele ser el más fiable para no llevarse sorpresas con los horarios. Además, muchas estaciones de metro en Rusia son famosas por ser auténticas obras de arte arquitectónicas. Es casi como visitar un museo mientras te desplazas de un lugar a otro de la ciudad.

Pero no todo el transporte es por tierra o aire, ya que Rusia cuenta con unos cien mil kilómetros de vías navegables internas. El transporte por río es muy importante, especialmente en la zona de los ríos Volga y Kama, que son el corazón fluvial del país. Las ciudades principales para este tipo de viajes son Moscú, San Petersburgo, Nizhni Nóvgorod y Samara. Allí es donde se concentra la mayor parte de la flota de barcos de crucero y las empresas que organizan estos recorridos. Es una forma mucho más pausada y romántica de conocer la historia y los paisajes rusos desde el agua.

Muchas personas eligen los cruceros fluviales para ver iglesias antiguas y pueblos pintorescos que de otra forma serían difíciles de visitar. Es un sector turístico que ha crecido mucho y que ofrece servicios de muy buena calidad para los visitantes extranjeros. En general, el sistema de transporte ruso está diseñado para que nadie se quede aislado, sin importar lo lejos que viva. Desde los trenes de alta velocidad que unen las capitales hasta los pequeños barcos de río, siempre hay una forma de llegar. Lo importante es planificar con antelación, sobre todo si vas a hacer trayectos muy largos.

En las zonas más remotas, como en Siberia, el transporte puede ser un poco más complicado y dependiente del clima, pero aun así funciona. Allí los aviones pequeños y los trenes de carga a veces son los únicos que mantienen el contacto con el mundo exterior. La modernización de las estaciones y de los aeropuertos ha avanzado mucho en los últimos años, ofreciendo más comodidad a los pasajeros. Viajar por Rusia es toda una aventura en sí misma debido a la escala de todo lo que te rodea. Solo hay que elegir el medio que mejor se adapte a tu presupuesto y a tus ganas de explorar.

Una cosa que suele sorprender a los visitantes es la puntualidad de los trenes de larga distancia, que suelen cumplir sus horarios casi al milímetro. También es muy práctico que muchas ciudades tengan aplicaciones móviles para pedir taxis o consultar cuándo llega el próximo autobús. Esto facilita mucho la vida a quien no habla el idioma perfectamente y quiere moverse con soltura. En definitiva, aunque el país sea un gigante difícil de abarcar, su red de transportes hace que explorarlo sea una meta alcanzable para cualquier viajero curioso. Hay opciones para todos los gustos, desde lo más lujoso hasta lo más básico y auténtico.

Dinero y compras en Rusia

Si vas a viajar a Rusia, lo primero que debes saber es que la moneda oficial es el rublo ruso. Cada rublo se divide en cien kopeks, aunque hoy en día estos últimos se ven cada vez menos en las transacciones diarias. En la mayoría de los sitios, como hoteles, restaurantes y tiendas grandes, no tendrás problemas para pagar con tarjeta. Si prefieres llevar efectivo, los dólares y los euros se pueden cambiar sin líos en cualquier banco o casa de cambio oficial. Es un país muy preparado para el turismo de compras y ofrece opciones para todos los presupuestos.

Rusia es un auténtico paraíso para quienes disfrutan de las cosas bellas y buscan objetos con historia y personalidad. Encontrarás de todo: desde enormes centros comerciales modernos hasta pequeñas boutiques de diseñadores locales y tiendas independientes con mucho encanto. Si te gusta rebuscar, los mercados de pulgas son lugares mágicos donde puedes hallar tesoros antiguos y piezas únicas. También hay muchísimas tiendas de arte y librerías donde perderse durante horas. La artesanía local es, sin duda, uno de los puntos fuertes de cualquier recorrido por las zonas comerciales.

Por ejemplo, hay joyas de estilo vintage, como brazaletes y anillos con motivos florales, que parecen sacados de un cuento de hadas. Son piezas muy delicadas que suelen llamar mucho la atención por su elegancia. Otro producto estrella es el mantón de Oremburgo, una prenda de lana tejida a mano que es famosa por su suavidad y ligereza. Estos pañuelos no solo son bonitos y románticos, sino que también abrigan muchísimo, lo que los hace perfectos para los climas fríos. Es un regalo que muchas mujeres valoran por el trabajo artesanal que lleva detrás.

Pero si hay algo que todo el mundo reconoce como el símbolo de Rusia, eso es la matrioska. Se trata de ese juego de muñecas de madera pintadas a mano que se guardan una dentro de otra, de mayor a menor. Es el recuerdo más buscado y lo hay de mil diseños diferentes, desde los más tradicionales hasta otros con personajes famosos. Mientras recorres el país, también verás cajas de madera lacada de Palekh o Fedoskino, que son verdaderas obras de arte en miniatura. Tampoco faltan los chalecos coloridos de Pavlovsky Posad o las piezas de joyería hechas con ámbar del Báltico.

Para los que buscan algo un poco más rústico, las valenki, que son botas de fieltro tradicionales, son una opción divertida y muy útil contra el frío. También es muy común encontrar objetos hechos de piedras semipreciosas, como la malaquita de los Urales, que destaca por su color verde intenso. Con esta piedra se fabrican desde collares y gemelos hasta cajas decorativas o juegos de mesa que son una maravilla. El nivel de detalle de estos trabajos es impresionante y refleja una tradición de siglos en el trabajo de la piedra. Es un lujo que todavía se puede adquirir a precios razonables.

La porcelana rusa también tiene muchísima fama, sobre todo por sus motivos folclóricos y porque suele estar pintada a mano. La fábrica más célebre es la de Lomonosov, que fue la primera que se fundó en el país y que durante mucho tiempo trabajó exclusivamente para los zares. Comprar una pieza de esta porcelana es llevarse un pedacito de la historia imperial rusa a casa. Por otro lado, está la cerámica de Gzhel, que es inconfundible por sus dibujos azules sobre fondo blanco. Es un estilo que nació en un pequeño pueblo cerca de Moscú y que hoy se aplica a todo tipo de objetos.

En las tiendas de Gzhel puedes encontrar desde juegos de té y café hasta relojes, lámparas o pequeñas figuras decorativas. Es una cerámica con mucha personalidad que alegra cualquier rincón de la casa con sus flores y paisajes azules. Si lo que buscas es un regalo para niños, a veces puede ser un reto porque las jugueterías están llenas de productos internacionales. Una opción muy auténtica es comprar un peluche o una figura de Cheburashka. Este personaje de dibujos animados es un clásico de la cultura rusa y es adorado tanto por niños como por adultos en todo el país.

Cheburashka, con sus orejas grandes y su cara tierna, representa muy bien la amabilidad y la nostalgia de la infancia rusa. Es un detalle tierno que se sale de lo común y que seguro que encanta a los más pequeños. En general, ir de compras por Rusia es una oportunidad para descubrir el talento de sus artesanos y la riqueza de su cultura popular. Cada objeto cuenta una historia sobre el lugar de donde viene y la gente que lo fabricó con paciencia. Es difícil irse del país con la maleta vacía teniendo tantas cosas bonitas a tu disposición.

Al final, lo mejor de los recuerdos rusos es que suelen ser objetos duraderos y con alma, lejos de la fabricación masiva sin personalidad. Ya sea una caja de madera lacada, una bufanda de lana o una figura de porcelana, son cosas que siempre te recordarán tu viaje. No te olvides de preguntar por el significado de los dibujos, ya que muchos tienen leyendas antiguas asociadas. Es una forma estupenda de llevarse un trozo de la esencia de este país tan fascinante. La experiencia de comprar en Rusia es tan variada como el propio territorio, llena de colores, texturas y tradiciones.

Principales atracciones Rusia

Hablar de la arquitectura en Rusia es como abrir un libro de cuentos que nunca termina porque cada rincón tiene algo que te deja con la boca abierta. Si te alejas de las grandes avenidas y te pierdes un poco por los pueblos o incluso en los barrios más antiguos de las ciudades te vas a topar con verdaderas maravillas que han aguantado el paso de los siglos. No se trata solo de edificios bonitos sino de cómo la piedra y la madera cuentan la historia de un pueblo que siempre ha querido dejar su huella en el mundo. Un ejemplo que te quita el aliento es la iglesia de la Intercesión en el Nerl que parece brotar del prado de forma natural o la impresionante isla de Kizhi donde el complejo de madera es algo que no vas a ver en ningún otro lado del planeta.

En Kizhi te das cuenta de lo que eran capaces de hacer los antiguos maestros carpinteros porque levantaron estructuras enormes y detalladas casi por puro instinto y con un respeto increíble por el entorno. El archipiélago de Solovki es otro de esos puntos que parecen sacados de otra realidad donde la arquitectura se funde con un paisaje norteño que es tan duro como hermoso. Si estás de paso por el país tienes que ir sí o sea al Kremlin de Moscú porque es mucho más que un centro de poder. Es un recinto amurallado que guarda en su interior cuatro catedrales construidas allá por los siglos quince y dieciséis que son una auténtica pasada. Aunque hoy lo vemos como el despacho del presidente su origen tiene mucho que ver con arquitectos italianos que llegaron en el siglo catorce para darle esa forma tan imponente que tiene ahora.

Justo al lado se levanta la famosa catedral de San Basilio que se terminó por el año mil quinientos sesenta y uno y que hoy es probablemente el sitio más fotografiado de toda la nación. La gente se queda embobada mirando sus cúpulas de colores y es que el diseño es tan raro y único que parece una obra de arte moderna pero con siglos de antigüedad. Por dentro no se queda atrás porque está llena de rincones estrechos y pasillos que guardan reliquias y objetos que te hacen sentir que has viajado en el tiempo. Es uno de esos lugares donde cada detalle tiene un significado y donde el brillo de su estructura te hace entender por qué los viajeros se quedan tan impactados al verla por primera vez. Es una parada que merece mucho la pena no solo por la foto sino por la energía que se siente al caminar por sus salas.

Turismo en Rusia

El museo del Hermitage en San Petersburgo es algo que hay que ver al menos una vez en la vida porque es sencillamente gigantesco y tiene una solera que asusta. Dicen que es uno de los museos más antiguos y grandes del mundo y la verdad es que cuando entras y ves que tienen más de tres millones de piezas expuestas te das cuenta de que un día no te llega para nada. El complejo une el famoso Palacio de Invierno con el teatro y caminar por sus pasillos es como dar un paseo por la gloria de la cultura rusa mientras te rodean cuadros de los pintores más famosos de la historia. Es un lugar que te atrapa por su elegancia y por la cantidad de cultura que se respira en cada esquina.

Pero si prefieres algo más salvaje y natural tienes que ir al lago Baikal que es el más viejo y profundo que existe en nuestro planeta. Es un sitio que te deja hipnotizado por la claridad de sus aguas y por esa paz que se siente al estar rodeado de montañas por todos lados. No es raro que se haya vuelto un destino de vacaciones tan buscado porque es el lugar perfecto para desconectar de todo y conectar con la naturaleza de verdad. Hay un montón de sitios para quedarse alrededor del lago y es una oportunidad increíble para ver paisajes que parecen retocados con filtros de lo bonitos que son.

Si te gusta la aventura de la buena tienes que poner rumbo a la península de Kamchatka para visitar el Valle de los Géiseres que es una zona geotérmica activa alucinante. Imagínate un valle lleno de fuentes termales y chorros de agua hirviendo que salen de la tierra cuando menos te lo esperas. Es un espectáculo de la naturaleza que todo turista debería ver porque te recuerda lo vivo que está nuestro planeta. Además Rusia tiene una mezcla de culturas que se nota mucho en su arquitectura religiosa como la mezquita de Kul Sharif en Kazán o el precioso monasterio budista de Elista que te hacen sentir que estás en varios países a la vez sin salir del mismo territorio.

Tampoco podemos olvidarnos de las fortalezas antiguas que protegían estas tierras como las de Derbent o el Kremlin de Nóvgorod que son monumentos defensivos impresionantes. Hay torres en Ingusetia que parecen sacadas de una película y monumentos enormes como el de la Patria en Volgogrado que te hacen sentir muy pequeño a su lado. Si buscas sol y relax tienes zonas como Crimea o la costa de Krasnodar donde hay playas de arena y parques acuáticos para pasarlo bien. Al final ya sea en los montes Urales o en el Lejano Oriente siempre vas a encontrar un rincón histórico o un paraje natural que te va a sorprender muchísimo.

Alojamiento en Rusia

Hacer un crucero por los ríos de Rusia es una de esas experiencias románticas y diferentes que te permiten ver el país desde otro punto de vista. Mientras vas navegando puedes disfrutar de unos paisajes que cambian a cada rato y te vas encontrando con pueblos y ciudades que mantienen sus tradiciones muy vivas. Es una forma genial de conocer cómo vive la gente de verdad y de empaparte de su historia sin las prisas típicas de ir en coche o en tren. Además al estar el país repartido en cuatro zonas climáticas diferentes te puedes imaginar la cantidad de fauna y flora que puedes llegar a ver en un solo viaje.

Para los que no pueden estarse quietos Rusia es un paraíso para el deporte y el ecoturismo porque puedes hacer de todo desde escalar montañas hasta montar a caballo o bajar ríos haciendo rafting. Si te gusta el esquí hay estaciones muy buenas y si prefieres el senderismo tienes rutas que parecen no acabar nunca. Las playas también son muy variadas porque las hay desde muy salvajes y solitarias hasta las que tienen todo el glamour con restaurantes y cafés al lado del mar. Playas como la de Yarinski o la Olímpica son muy conocidas y allí puedes mezclarte con los locales mientras tomas algo y disfrutas del sol.

En el mar o en los lagos tienes mil opciones para divertirte como alquilar una lancha darte un paseo en banana o incluso hacer buceo y kayak. Si lo tuyo es la adrenalina del rafting tienes que ir sí o sí al Altai o a Carelia que son las zonas más famosas para esto. En Carelia por ejemplo hay tramos del río para todos los niveles así que no importa si eres un experto o si es la primera vez que te subes a una balsa. El país también tiene un potencial enorme para el turismo de salud porque hay un montón de recursos naturales para relajarse y cuidarse.

Las zonas de aguas minerales en el Cáucaso o cerca del Baikal son únicas porque tienen fuentes termales de origen volcánico que tienen propiedades curativas de verdad. Además si te gustan las alturas Rusia está llena de picos nevados donde el esquí es el deporte rey y cada vez hay mejores remontes y hoteles modernos a pie de pista. En el norte una de las cosas más divertidas que puedes hacer en invierno es dar un paseo en trineo tirado por perros que es algo tradicional y muy emocionante. Con tanta costa y tantos ríos también es el sitio soñado para los que aman la pesca porque hay especies que no se encuentran en ningún otro lado.

cocina y vajilla Rusia

Cuando buscas dónde quedarte en Rusia te das cuenta de que hay opciones para todos los gustos y presupuestos desde hoteles de súper lujo hasta hostales muy sencillos o incluso apartamentos para alquilar. Lo normal es que en ciudades como Moscú o San Petersburgo y en las zonas de vacaciones de Krasnodar como Sochi encuentres de todo muy fácilmente. Lo curioso es que no hay un sistema de reserva que lo junte todo así que a veces hay que buscar un poco más por las webs propias de los hoteles o de las empresas que alquilan casas. Esto le da un toque un poco más auténtico porque acabas encontrando sitios con mucha personalidad que no salen en las listas típicas.

En los pueblos más pequeños y en las aldeas lo que más se lleva son las casas de huéspedes que son una forma estupenda de sentirte como un local más. Si te vas a la costa del Mar Negro vas a ver muchísimas de estas pensiones familiares donde el trato es muy cercano y te sientes como en casa. También son muy típicos los sanatorios que están repartidos por todo el país y que son sitios pensados para descansar y mejorar la salud. Suelen estar en sitios preciosos rodeados de bosques o cerca del mar lejos del ruido de las ciudades para que puedas desconectar de verdad.

Muchos de estos sanatorios los vas a encontrar en Sochi o en la zona de Mineralnye Vody y lo bueno es que hay de todos los precios y niveles de confort. Por otro lado están las casas de descanso que suelen ser complejos de cabañas o chalets situados en plena naturaleza. Es muy común que cada complejo tenga diferentes tipos de alojamiento desde habitaciones más baratas hasta casas enteras para ir con toda la familia o con amigos. Es la opción ideal si lo que buscas es aire puro y tranquilidad total durante unos días.

Rusia es un país con una cantidad de agua increíble porque además de tener el Baikal y millones de ríos tiene salida a tres océanos diferentes y a doce mares. Esto hace que mucha gente venga de todas partes del mundo solo para pescar o para disfrutar de la vida cerca de la costa. En definitiva no importa cuánto dinero tengas planeado gastar porque siempre vas a encontrar un sitio que se ajuste a lo que buscas ya sea una habitación moderna en el centro de una gran ciudad o una cabaña acogedora en mitad de un bosque siberiano.

Cultura y tradiciones Rusia

La comida en Rusia es el reflejo de un país que tiene un montón de culturas diferentes conviviendo pero siempre con ese toque tradicional que te hace sentir el calor del hogar. En cualquier parte del país vas a poder probar platos típicos que se hacían antiguamente en hornos de piedra. Ese horno era el alma de las casas campesinas porque servía para cocinar lento para hacer pan y para calentar la vivienda durante los inviernos tan duros. El pan es algo sagrado en su mesa y nunca falta acompañando a los guisos de carne a las verduras o a las sopas que te calientan el cuerpo en un momento.

Algo que sorprende mucho de su cocina es la cantidad de aperitivos o entrantes que ponen que pueden ser de carne de pescado o de verdura. Es muy común pedirlos al principio o simplemente tenerlos ahí puestos en la mesa para ir picando durante toda la cena. La cocina rusa es famosa por sus platos de fiesta como el esturión ahumado el salmón o el caviar que puede ser rojo o negro. El caviar rojo de salmón es el más habitual pero también llaman caviar a unos platos vegetales hechos con berenjenas o calabacines que se machacan con especias y que están buenísimos.

Los pelmeni son un clásico que tienes que probar sí o sí porque son como unas bolitas de carne envueltas en masa fina que se cuecen y se sirven con un montón de salsas. A los rusos les encantan con crema agria con mantequilla o incluso con vinagre y comen cantidades industriales de ellos. Otro plato estrella son los blini que son como unas tortitas muy finas cuya receta es antiquísima. Hacerlos bien finitos es todo un arte y se sirven con rellenos de todo tipo desde miel y mermeladas caseras de bayas del bosque hasta rellenos más salados como setas o carne picada.

La cultura rusa va mucho más allá de la comida porque tiene una historia larguísima en la literatura la música y el arte que ha influido en todo el mundo. Quién no ha oído hablar de Tolstoy o de Dostoievski o ha disfrutado con la música de Mussorgsky. Es una sociedad que valora muchísimo el teatro y la filosofía pero que a la vez mantiene tradiciones populares muy coloridas y un montón de supersticiones curiosas. Son gente con un espíritu colectivo muy fuerte que se nota en sus fiestas donde las canciones y los bailes tradicionales con la balalaika siguen estando muy presentes a pesar de que el mundo moderno corra tan deprisa.

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