Naturaleza China (República Popular China)
China se presenta ante el mundo como una nación envuelta en un aura de magia, dueña de una cultura excepcional y una de las civilizaciones más antiguas que existen. Su historia se extiende por casi cinco milenios, lo que la convierte en un pilar fundamental de la experiencia humana en la Tierra. Los primeros registros escritos que se conservan datan del cuarto milenio antes de nuestra era, lo que nos da una idea de su longevidad. Esta civilización tan profunda tuvo sus raíces en las fértiles cuencas de los ríos Amarillo y Yangtsé, donde todo comenzó.
Fue en esas riberas donde los asentamientos de los antiguos agricultores empezaron a transformarse lentamente en las primeras ciudades chinas y en alianzas nacionales organizadas. Este proceso de crecimiento fue el caldo de cultivo para una estructura social que con el tiempo se volvería sumamente sofisticada. La conexión con la tierra y el agua marcó el ritmo de los primeros pasos de un pueblo que estaba destinado a liderar el continente asiático. Desde esos días remotos, la identidad china ha estado ligada a la gestión de sus grandes recursos naturales y a su espiritualidad.
La etapa preimperial de su historia se caracterizó por una autoridad política que a menudo era inestable y que residía principalmente en manos de líderes religiosos. En aquellos tiempos, los gobernadores de los pequeños principados y provincias gozaban de una independencia casi total respecto al poder de los soberanos centrales. Era un mosaico de poderes locales que competían entre sí, lo que generaba un panorama político bastante fragmentado. Sin embargo, esta época también fue un periodo de gran efervescencia cultural y filosófica que sentó las bases de lo que vendría después.
La era de las dinastías imperiales es la que realmente define la imagen histórica que tenemos de este país, abarcando desde el año 221 antes de Cristo hasta 1911. Durante este larguísimo periodo, China estuvo bajo el mando de ocho casas dinásticas muy influyentes, entre las que destacan los Qin, Han, Tang, Ming y Qing. Bajo su dominio, el país se transformó en una de las potencias más formidables del mundo entero. Fue una época de esplendor arquitectónico, avances científicos y una expansión territorial que consolidó su liderazgo absoluto en el continente.
El punto de partida de China como una nación unificada y sólida llegó de la mano del emperador Qin Shi Huang en el año 221 antes de Cristo. Este líder logró la hazaña de unir los siete reinos combatientes y conquistar numerosos territorios vecinos para formar un solo bloque. Pero su legado no se limita solo a la política, ya que también es el responsable del famoso ejército de terracota. Estos miles de guerreros de arcilla han custodiado la entrada de su mausoleo durante más de dos mil años, convirtiéndose en un símbolo eterno de su poder.
Otra etapa que dejó una huella imborrable fue la dinastía Tang, que gobernó entre los años 618 y 907 de nuestra era. Este periodo es recordado con frecuencia como la edad de oro de China, un tiempo de paz relativa y una creatividad sin precedentes. Durante estos años, las artes y la literatura florecieron como nunca antes, y la influencia china se extendió por gran parte de Asia a través de la Ruta de la Seda. Era una sociedad abierta y cosmopolita que atraía a comerciantes y pensadores de rincones muy alejados del mundo conocido.
Sin embargo, no todo fue crecimiento pacífico, ya que en el siglo trece el país sufrió la traumática invasión de los mongoles liderados por el temible Gengis Kan. Este fue uno de los momentos más oscuros y difíciles de su historia, con una ocupación que se extendió por casi todo el territorio. Los invasores establecieron su propia dinastía, la Yuan, cambiando por completo la estructura del poder central durante varias décadas. A pesar del sufrimiento, la cultura china logró absorber y resistir a estos cambios externos, manteniendo su esencia intacta a pesar de la dominación extranjera.
Mucho más tarde, en el año 1644, el país volvió a caer bajo un dominio externo cuando los manchúes expulsaron a la dinastía Ming y tomaron las riendas del gobierno. Así nació la dinastía Qing, que acabaría siendo la última de las estirpes imperiales que gobernaron el territorio chino. Fue un periodo de gran expansión pero también de fuertes tensiones internas y presiones por parte de las potencias occidentales que empezaban a asomar. El sistema imperial, que había durado milenios, comenzó a mostrar signos de agotamiento frente a las nuevas realidades del mundo moderno.
Finalmente, el año 1911 marcó el fin de una era con la Revolución de Xinhai, que provocó la caída definitiva del Imperio y dio paso a la creación de una República. Fue un cambio radical que buscaba modernizar el país y romper con las viejas estructuras del pasado dinástico. Tras años de luchas internas y conflictos, en 1949 el Partido Comunista de China se alzó con la victoria sobre el Kuomintang. Bajo el liderazgo de Mao Zedong, se proclamó la República Popular China, iniciando un nuevo capítulo que transformaría al país en la potencia global que conocemos hoy.
Clima China (República Popular China)
La increíble diversidad que encontramos tanto en el relieve como en el clima de China ha dado lugar a una de las redes de ecosistemas más ricas del planeta. Estos espacios naturales han sido colonizados a lo largo de los siglos por una cantidad abrumadora de plantas y animales que no se ven en ningún otro sitio. De hecho, casi todas las especies vegetales que existen en el hemisferio norte se pueden encontrar aquí, con la excepción de las plantas típicas de la tundra polar. A pesar de la presión humana constante durante milenios, la naturaleza china sigue albergando algunas de las criaturas más exóticas que existen.
En este vasto territorio crecen unas dos mil quinientas variedades de árboles forestales, lo que incluye casi el noventa y cinco por ciento de todas las especies de hoja ancha conocidas. Muchos de estos árboles no son solo bellos, sino que tienen un valor económico y cultural fundamental para los habitantes locales. Podemos mencionar el alcanforero, el árbol de la laca y el anís estrellado, cuyo aceite es muy apreciado en la cocina y la medicina. También destaca el ligustrum lucidum, que con su brillo característico adorna muchos de los paisajes naturales y urbanos de la región.
Esta abundancia de vegetación y la complejidad del terreno han permitido que la vida animal se desarrolle de una forma espectacular. Muchos animales han encontrado en estos rincones remotos un refugio seguro donde han logrado sobrevivir mientras en otras partes del mundo se extinguían. Entre estos tesoros vivientes se encuentran los grandes esturiones del río Yangtsé y una especie muy particular de pequeños caimanes que habitan en el centro y este del país. También están las salamandras gigantes del oeste de China, que son parientes cercanas de las que se encuentran en Japón.
Si buscamos el lugar con mayor biodiversidad animal, probablemente tengamos que mirar hacia las cordilleras y los valles profundos de Tíbet y Sichuan. Esta última provincia es mundialmente famosa por ser el hogar del oso panda gigante, un animal que se ha convertido en el símbolo de la conservación a nivel global. Pero la fauna no se detiene ahí, ya que también podemos ver al takín, una curiosa mezcla entre cabra y antílope que recorre las laderas montañosas. Los bosques están llenos de vida con numerosas especies de faisanes de colores vibrantes y el canto de los zorzales que habitan en las alturas.
China parece ser también uno de los centros más importantes para la evolución y dispersión de la familia de los ciprínidos, así como de diversas especies de bagres antiguos. Sus ríos y lagos son laboratorios naturales donde la vida acuática ha prosperado en formas muy diversas y únicas. La interconexión entre las montañas y los sistemas fluviales crea corredores biológicos que han permitido que las especies se desplacen y evolucionen durante millones de años. Es un patrimonio natural que sigue sorprendiendo a los biólogos y naturalistas de todo el mundo que visitan estas tierras.
Resulta asombroso cómo la flora se adapta a condiciones tan extremas, desde los desiertos áridos hasta las selvas tropicales del sur. En las zonas más cálidas, la vegetación es exuberante y siempre verde, mientras que en las montañas el paisaje cambia hacia bosques de coníferas que aguantan el frío intenso. Esta transición de paisajes permite que el país funcione como un gran jardín botánico a escala nacional. Los botánicos locales han catalogado miles de hierbas medicinales que han sido la base de la medicina tradicional china durante siglos, demostrando la utilidad práctica de esta biodiversidad.
La protección de estos entornos se ha convertido en una prioridad en las últimas décadas, especialmente para salvar a especies que están al borde de la desaparición. Los esfuerzos por preservar los bosques de bambú han sido vitales para que la población de pandas empiece a recuperarse lentamente en su hábitat natural. No es una tarea fácil debido al crecimiento industrial, pero la conciencia sobre el valor de su patrimonio natural está ganando terreno. Cada reserva natural creada es un soplo de vida para animales que no tienen otro lugar donde ir en este planeta tan poblado.
Incluso en las zonas donde la agricultura ha dominado el paisaje por siglos, todavía es posible encontrar retazos de la naturaleza salvaje original. Los antiguos bosques sagrados alrededor de los templos han servido como pequeños santuarios para árboles milenarios que de otro modo habrían desaparecido. Es esta mezcla de intervención humana y respeto por lo sagrado lo que ha permitido conservar tesoros botánicos únicos. Caminar por estos bosques es como hacer un viaje atrás en el tiempo, a una época donde la armonía entre el hombre y el entorno era la norma.
En definitiva, la riqueza biológica de China es un recordatorio de lo que sucede cuando un territorio tan grande ofrece tantas opciones de vida diferentes. Desde el pequeño insecto que habita en las flores de las tierras altas hasta el majestuoso tigre que todavía ronda en algunas selvas del norte, la variedad es infinita. Es un legado que pertenece a toda la humanidad y que nos muestra la capacidad de la naturaleza para prosperar en los lugares más insospechados. Explorar sus paisajes es descubrir un mundo donde cada rincón tiene una planta o un animal que contar una historia.
Transporte en China (República Popular China)
Hablar del clima en un país tan inmenso como China es sumergirse en un abanico de posibilidades que va desde el calor tropical hasta el frío polar. Debido a su enorme extensión, las condiciones meteorológicas cambian de forma drástica dependiendo de qué región estemos visitando en ese momento. En el noreste, donde se ubica la capital, Pekín, los veranos suelen ser bastante calurosos y secos, mientras que los inviernos son famosos por sus temperaturas gélidas. Es un clima de extremos que obliga a sus habitantes a adaptarse a cambios muy bruscos a lo largo del año.
Si nos movemos hacia las zonas centrales y del norte, incluyendo lugares como Chengdu, el panorama cambia un poco. Aquí es muy común que el verano traiga consigo lluvias torrenciales que se mezclan con un calor sofocante, mientras que el invierno se mantiene bastante frío. Por su parte, el sureste del país recibe una cantidad generosa de precipitaciones, con veranos semitropicales muy húmedos y unos inviernos que son más bien frescos. También hay que tener en cuenta que las inundaciones son un riesgo real en el centro y el sur, y que el país puede sufrir terremotos ocasionales.
El factor que más influye en el tiempo de gran parte del territorio es el monzón asiático, que marca el ritmo de las estaciones de manera muy clara. Durante los meses que van de octubre a abril, se desarrolla un sistema de alta presión sobre Siberia y Asia Central que envía vientos secos hacia China. Esto se traduce en un periodo de baja humedad y cielos más despejados en muchas zonas del país. Es un fenómeno que domina el invierno y define la aridez que se siente en el aire durante esos meses de frío intenso.
Cuando llega el verano, entre mayo y septiembre, la situación se invierte completamente por el calentamiento del continente asiático. Se forman zonas de baja presión que atraen vientos cálidos y muy cargados de humedad provenientes de los océanos Pacífico e Índico. Por esta razón, los meses estivales son mucho más lluviosos en la mayor parte de China, lo que se conoce popularmente como la temporada de lluvias. Este ciclo de humedad es vital para los cultivos, especialmente para el arroz, que depende totalmente de estas precipitaciones anuales para prosperar.
La latitud en la que se encuentra el país también juega un papel fundamental en la configuración de su clima particular. Aunque casi todo el territorio disfruta de veranos que van de templados a muy calurosos, las temperaturas invernales muestran una brecha enorme entre el norte y el sur. Lo mismo ocurre si comparamos el oeste montañoso con el este oceánico, donde el mar suaviza un poco las temperaturas. En las zonas más exteriores y alejadas de la costa, los inviernos pueden llegar a ser verdaderamente brutales, con tormentas de nieve y vientos cortantes.
La meseta tibetana merece una mención aparte, ya que está rodeada por las montañas más altas del Himalaya y del mundo entero. En este lugar tan especial, los veranos son frescos y agradables, pero los inviernos son extremadamente rigurosos y largos. Por el contrario, las zonas del sur y del centro disfrutan de un ambiente mucho más cálido, con climas tropicales o subtropicales donde el invierno apenas se siente. En el este suele haber mucha humedad en verano, mientras que en el norte y el oeste dominan los desiertos donde casi nunca llueve.
Para quienes están planeando un viaje por estas tierras, los momentos más recomendados suelen ser la primavera y el otoño. En estas estaciones, las temperaturas son mucho más equilibradas y amables, lo que permite recorrer las ciudades y los paisajes naturales sin sufrir por el clima. De todas formas, la elección final siempre dependerá de lo que cada persona esté buscando y del presupuesto que tenga disponible. No es lo mismo querer ver la nieve en el norte que disfrutar de las playas o los campos verdes del sur durante la época de máximo esplendor.
En primavera, las flores comienzan a brotar y el paisaje se llena de un color verde vibrante que resulta ideal para la fotografía y las caminatas al aire libre. El otoño, por su parte, ofrece cielos despejados y una luz dorada que envuelve los monumentos históricos de una forma mágica. Ambas temporadas evitan el calor extremo del verano y el frío cortante del invierno, facilitando que la experiencia de viaje sea mucho más placentera. Es el momento perfecto para descubrir la muralla o perderse por los callejones antiguos de las grandes metrópolis.
A pesar de estas recomendaciones generales, China es un destino que se puede disfrutar en cualquier época si se va bien preparado. Cada estación tiene su propio encanto, como los festivales de hielo en el norte durante el invierno o las festividades tradicionales que coinciden con los ciclos agrícolas. Lo importante es informarse bien sobre el clima específico de la zona que se va a visitar, ya que las distancias son tan grandes que el tiempo puede ser totalmente distinto a solo unas horas de distancia. Es un país que nunca deja de sorprender por su variedad climática.
Dinero y compras en China (República Popular China)
Moverse por las ciudades chinas es toda una experiencia, ya que el transporte urbano es una pieza clave en la vida diaria de millones de personas. Lo más habitual es ver una marea de autobuses públicos, taxis y, por supuesto, una cantidad increíble de bicicletas recorriendo las calles. En las metrópolis más avanzadas, la tecnología ha dado un salto enorme, y ahora es común utilizar metros modernos, trenes ligeros y hasta trenes de levitación magnética. Estas opciones permiten que los ciudadanos se desplacen con una eficiencia que sorprende a cualquier visitante extranjero.
Prácticamente todas las ciudades de cierto tamaño cuentan con una red de autobuses muy completa que llega a casi cualquier rincón. Es la opción preferida por la mayoría tanto en el centro como en las zonas más alejadas por ser muy barata y conveniente. Aunque a veces pueden ir bastante llenos, son una forma excelente de ver el ritmo real de la ciudad mientras te trasladas de un punto a otro. Es impresionante ver cómo logran coordinar tantas rutas en lugares donde la población se cuenta por millones.
Si lo que buscas es rapidez y comodidad total, los taxis son sin duda la mejor alternativa para moverse sin complicaciones. Se pueden encontrar en casi cualquier esquina a cualquier hora del día, lo que te da una libertad enorme para organizar tus trayectos. Los precios suelen empezar con una tarifa base que cambia según la ciudad, pero generalmente ronda entre los cinco y los diez yuanes. A partir de ahí, se suma una pequeña cantidad por cada kilómetro recorrido, resultando en un servicio bastante asequible comparado con otros países.
China es probablemente el lugar del mundo donde las bicicletas tienen un protagonismo más marcado en el paisaje urbano. Para los locales es el medio de transporte más sencillo y práctico para las distancias cortas, y para los turistas es una forma única de conocer la ciudad de cerca. Hay muchísimas tiendas donde se pueden comprar o alquilar bicis de todo tipo y para todos los bolsillos. En las zonas más turísticas, el alquiler por día es muy económico, permitiéndote explorar callejones y plazas a tu propio ritmo.
El metro se ha consolidado como la opción ganadora para quienes quieren evitar el tráfico y llegar rápido a su destino. El primer sistema de este tipo se inauguró a mediados de los años cincuenta y desde entonces no ha parado de crecer por todo el territorio. Ciudades como Pekín, Shanghái, Cantón y Shenzhen tienen redes espectaculares que no envidian nada a las de las capitales occidentales. Además, hay muchas otras ciudades que están construyendo sus propias líneas en este momento, demostrando una apuesta clara por el transporte subterráneo.
Un caso aparte es el tren de levitación magnética, que es el vehículo terrestre más veloz que existe actualmente, alcanzando velocidades que superan los cuatrocientos kilómetros por hora. Por ahora, solo Shanghái dispone de esta maravilla tecnológica que conecta puntos clave de la ciudad en cuestión de minutos. Es una experiencia que muchos viajeros buscan probar al menos una vez por la sensación de flotar sobre las vías a toda velocidad. Representa la cara más futurista de una nación que avanza a pasos agigantados.
En cuanto al agua, el transporte por río o mar no es el principal para los pasajeros en el día a día, pero sigue siendo vital para el movimiento de mercancías. Sin embargo, en algunas ciudades costeras o con grandes ríos, todavía se pueden encontrar ferris y barcos que ofrecen servicios de transporte a las personas. Por otro lado, los clásicos rickshaws ya no se usan tanto como antes, habiendo sido desplazados por los coches modernos. Aun así, en lugares históricos como los hutongs de Pekín, siguen siendo una recomendación muy popular para vivir una experiencia tradicional.
Si hablamos de dinero y compras, la moneda oficial es el renminbi, aunque todo el mundo la conoce simplemente como yuan. China es un auténtico paraíso para los que disfrutan yendo de tiendas, ofreciendo desde puestos callejeros humildes hasta centros comerciales de un lujo asombroso. En las ciudades grandes siempre hay calles enteras dedicadas a mercados específicos donde se pueden encontrar productos locales que son verdaderas joyas. La variedad es tan grande que es imposible irse con las manos vacías después de un día de paseo.
Hoy en día, las compras por internet han revolucionado la forma en que los chinos adquieren moda y complementos. Tienen una de las industrias de comercio electrónico más potentes del mundo, donde se puede comprar ropa de marcas nacionales e internacionales con un solo clic. Es extremadamente cómodo porque te llevan el paquete a casa y los sistemas de devolución son muy sencillos. Pero para los que prefieren el trato directo, el té, la seda y la porcelana siguen siendo los productos estrella que reflejan la historia milenaria del país.
La seda es un símbolo de la civilización oriental desde los tiempos de la antigua Ruta de la Seda y sigue siendo muy buscada para fabricar ropa y accesorios delicados. Por su parte, la porcelana de Jingdezhen es considerada la mejor del mundo, y comprar una pieza allí es llevarse un trozo de arte histórico. También es muy común buscar objetos de jade o perlas de buena calidad, que suelen tener precios muy competitivos. El arte tradicional, como las pinturas en rollos o las tallas en madera, completa una oferta cultural y comercial que es simplemente inigualable.
Principales atracciones China (República Popular China)
Casi todo el mundo, cuando planea un viaje a China por primera vez, tiene en mente los mismos puntos de referencia que aparecen en todas las postales. Es lógico querer caminar por la Gran Muralla, perderse en los pasillos de la Ciudad Prohibida en Pekín o quedarse impresionado frente a los Guerreros de Terracota en Xi'an. Otros prefieren el aire cosmopolita del Bund en Shanghái o quizás un paseo por las calles de Cantón antes de embarcarse en un crucero por el río Yangtsé. Sin embargo, si uno rasca un poco la superficie, se da cuenta de que este país es un universo mucho más vasto y complejo que esos cuatro o cinco destinos típicos que todos conocemos.
La realidad es que China esconde una cantidad de tesoros que te dejan sin aliento, desde ciudades que parecen ancladas en el tiempo hasta bosques que parecen sacados de una película de fantasía. Hay templos solitarios en cumbres brumosas y campos de arroz que dibujan formas artísticas en las colinas, como si un pintor hubiera diseñado el paisaje para honrar a las montañas y las cascadas. Lo más fascinante ocurre cuando decides salirte del camino marcado y explorar esas zonas donde los turistas extranjeros son una rareza y te mezclas con los viajeros locales. Para disfrutar de esta aventura, solo hace falta llevar un buen libro de frases básicas, una dosis generosa de paciencia y, sobre todo, un gran sentido del humor para afrontar los imprevistos.
Si nos fijamos en la historia, veremos que los antiguos chinos tenían una obsesión por la seguridad y por eso levantaron murallas colosales para protegerse de las invasiones. Xi'an es el ejemplo perfecto de esto, ya que su fortificación se mantiene en pie y es, posiblemente, la mejor conservada de todo el país, permitiéndote imaginar cómo era la vida hace siglos. No muy lejos de allí, las Tres Pagodas se alzan como un símbolo de resistencia, siendo unas de las estructuras budistas más antiguas que han sobrevivido a terremotos y conflictos provocados por el hombre a lo largo de las eras.
Para los amantes de la naturaleza, el Parque Forestal Nacional de Zhangjiajie es una parada obligatoria desde que se fundó a principios de los ochenta, siendo el primero de su tipo y un pilar fundamental de la zona de Wulingyuan. Por otro lado, si buscas algo más espiritual, las montañas de Wudang son el corazón del taoísmo y ofrecen un paisaje sagrado que combina la arquitectura con la naturaleza de forma magistral. Tampoco podemos olvidar lugares como Zhouzhuang, que es básicamente la Venecia de Oriente con sus canales y casas antiguas que parecen flotar sobre el agua.
Hay sitios que desafían la lógica, como el Monasterio Colgante que está incrustado en un acantilado a unos setenta y cinco metros de altura, ofreciendo una vista que da vértigo pero que es absolutamente espectacular. Y para cerrar con broche de oro, está el valle de Jiuzhaigou en la provincia de Sichuan, un parque nacional protegido que es Patrimonio de la Humanidad por sus lagos de colores imposibles. China atrae a tanta gente no solo por sus monumentos, sino por esa mezcla de culturas, dialectos y tradiciones que hacen que cada provincia se sienta como un país diferente con miles de años de historia a sus espaldas.
Turismo en China (República Popular China)
Cuando te pones a pensar en la magnitud de China, lo primero que te impacta es su tamaño descomunal, ya que hablamos de un territorio que es unas veinte veces más grande que Alemania. Esta escala tan bestial es precisamente lo que permite que el país albergue una variedad de paisajes y climas que pocos lugares en el mundo pueden igualar. Es como tener varios mundos dentro de uno solo, pasando de desiertos áridos a selvas tropicales en cuestión de horas. Durante siglos, esta nación vivió volcada hacia adentro, perfeccionando una civilización llena de inventos y sofisticación, y eso ha dejado un legado cultural que hoy podemos disfrutar en cada esquina.
Para quienes no pueden estarse quietos y buscan adrenalina, el país se ha convertido en un paraíso inesperado para los deportes de acción. Ya no se trata solo de ver templos, sino que ahora puedes practicar windsurf, lanzarte al mar con una tabla de kitesurf o incluso bucear en sus costas. Los ríos también dan mucho juego para los que prefieren remar en kayak o vivir la emoción del rafting en aguas bravas. La costa continental es larguísima, con unos dieciocho mil kilómetros de extensión, lo que significa que hay playas para todos los gustos donde relajarse bajo el sol.
Si hablamos de sol y playa, lugares como Sanya o la isla de Putuo se llevan casi toda la atención, aunque sitios como Xiamen, Beidaihe y Beihai no se quedan atrás en absoluto. La combinación de un clima agradable y una oferta de ocio que no para de crecer hace que sea muy fácil pasar unos días de desconexión total junto al mar. Además, en los últimos años, los propios chinos le han cogido el gusto a los deportes extremos, y ahora es muy común ver a gente practicando paracaidismo, vuelo en parapente o escalando paredes verticales en zonas montañosas que antes estaban desiertas.
Pero el invierno no se queda corto en cuanto a opciones, porque el esquí se ha puesto muy de moda y es una actividad que engancha a miles de personas cada temporada. El país cuenta con más de quinientas estaciones de esquí repartidas por su geografía, y la verdad es que han dado un salto de calidad impresionante. Gran parte de este impulso vino gracias a que Pekín fue la sede de los Juegos Olímpicos de Invierno en 2022, lo que obligó a mejorar las infraestructuras y los servicios de forma radical. Ahora, las estaciones chinas son una alternativa real y competitiva para los esquiadores de todo el mundo que buscan algo diferente a las pistas de siempre.
Alojamiento en China (República Popular China)
Encontrar un sitio para dormir en China es algo que ha cambiado muchísimo a mejor en los últimos años, y hoy en día cualquier ciudad medianamente grande tiene opciones para todos los bolsillos. Si tienes presupuesto, puedes alojarte en hoteles de auténtico lujo, muchos de ellos bajo el paraguas de grandes marcas internacionales que ofrecen exactamente el mismo nivel que encontrarías en cualquier capital occidental. Por el contrario, si viajas con la mochila al hombro y buscas algo barato, los hostales para mochileros han proliferado y funcionan realmente bien, apoyados por redes de hoteles económicos que son muy eficientes.
Lo que sí es cierto es que los hoteles de gama media a veces resultan un poco sosos o carecen de ese encanto especial que uno busca al viajar. Muchos de estos establecimientos eran antiguamente monopolios del estado y todavía conservan un aire un tanto burocrático y funcional que no termina de convencer a todo el mundo. A medida que la economía del país ha ido creciendo a pasos agigantados, las grandes cadenas hoteleras del mundo han visto el filón y no han dudado en expandirse por todo el territorio nacional. Es muy fácil encontrarse con nombres conocidos en casi cualquier provincia, cada uno ofreciendo distintos estilos según el tipo de cliente que busquen atraer.
En cuanto al sistema de clasificación, en China se sigue la escala de una a cinco estrellas, algo que gestiona directamente la administración de turismo del país para asegurar ciertos estándares. Si te vas a un hotel de una o dos estrellas, te vas a encontrar con algo muy básico y sin pretensiones, pero que generalmente cumple con la limpieza mínima y es muy amable con el bolsillo. Son sitios pensados para pasar la noche sin más complicaciones ni lujos innecesarios.
Los hoteles de tres estrellas ya suben un poco el nivel y suelen incluir detalles como televisión, teléfono y conexión a internet, que hoy en día es algo fundamental para cualquier viajero. Si lo que buscas es una experiencia más exclusiva o con un diseño más cuidado, lo ideal es apuntar a los hoteles boutique o a los establecimientos de cuatro y cinco estrellas, donde el servicio suele ser impecable. Los hostales y los alojamientos más sencillos suelen agruparse cerca de las estaciones de tren o de autobús, lo cual es muy práctico si estás en constante movimiento por el país.
Para los que tienen pensado quedarse una temporada larga en una ciudad concreta, una opción muy inteligente es buscar apartamentos amueblados para alquilar a largo plazo. En metrópolis como Shanghái, Pekín o Hong Kong, hay complejos residenciales impresionantes que parecen ciudades en sí mismas, con sus propias piscinas, gimnasios y seguridad privada. Es una forma mucho más cómoda y hogareña de vivir la experiencia china si no quieres estar saltando de hotel en hotel cada pocos días y prefieres tener tu propio espacio.
cocina y vajilla China (República Popular China)
Si decides viajar a China, prepárate porque la comida allí no es solo algo que se hace para quitar el hambre, sino que es una experiencia artística que se te queda grabada en la memoria. La variedad de platos es tan inmensa que es imposible no encontrar algo que te guste, incluso si eres de esas personas que tienen un paladar un poco más complicado. La cocina china goza de un prestigio mundial bien merecido, y es que refleja una cultura con casi cinco mil años de historia a sus espaldas, lo que la sitúa fácilmente entre las tres mejores tradiciones culinarias del planeta.
Lo más básico que vas a encontrar en cualquier mesa es el arroz y el trigo, que son los pilares fundamentales de su dieta. Pero la cosa no se queda ahí, porque también utilizan muchísimo el mijo, el maíz, el trigo sarraceno y diferentes tipos de patatas y legumbres que enriquecen cada comida. No todo es arroz hervido, ya que el trigo se transforma en panes al vapor, fideos de mil formas, bollos rellenos y una especie de palitos de masa frita que son un vicio. Además, hay una cantidad increíble de gachas, pasteles y aperitivos con sabores locales muy específicos que hacen que sentarse a comer sea siempre una sorpresa colorida.
Para entender bien cómo funciona la gastronomía allí, hay que saber que existen ocho grandes estilos o escuelas de cocina que vienen de diferentes provincias como Sichuan, Cantón, Shandong o Anhui, entre otras. Cada una tiene su propia personalidad, sus especias favoritas y sus técnicas de cocción, lo que crea un abanico de sabores alucinante. Por ejemplo, la comida de Pekín o la de Shanghái son muy populares y cada una tiene sus platos estrella que han dado la vuelta al mundo por su delicadeza y por lo bien que aprovechan los productos de la zona.
Lo mejor de todo es que no hace falta irse a un restaurante de lujo con camareros de guante blanco para comer de maravilla, aunque esos sitios ofrecen un servicio y unas instalaciones de primera. Muchas veces, las alegrías gastronómicas más grandes te las llevas en casas de comidas normales y corrientes, o incluso en puestos callejeros que son mucho más baratos pero donde la comida tiene un sabor auténtico y delicioso. Es esa mezcla de tradición, ingredientes frescos y técnicas milenarias lo que convierte cada almuerzo o cena en un festín para los sentidos que no te puedes perder.
Cultura y tradiciones China (República Popular China)
La cultura china actual es una mezcla fascinante donde las tradiciones más antiguas se dan la mano con el estilo de vida moderno que viene de occidente. Es como ver el concepto del Yin y el Yang en plena calle: tienes rascacielos altísimos que parecen sacados de una película de ciencia ficción justo al lado de templos y edificios que tienen siglos de antigüedad. Puedes ver a alguien caminando con un vestido tradicional Qipao mientras usa lo último en tecnología móvil, o notar cómo la gente mantiene un respeto profundo por sus valores ancestrales pero no tiene problemas en comer en una cadena de hamburguesas internacional.
A lo largo de los milenios, esta civilización ha sido un motor de arte y ciencia, inventando cosas tan importantes como la imprenta o técnicas de pintura y cerámica que todavía hoy nos dejan con la boca abierta. Su arquitectura siempre ha sido un referente mundial y su literatura, filosofía y política han influido en medio mundo durante generaciones. Lo más increíble es cómo China logró mantener esa identidad tan fuerte y única hasta que empezó a tener un contacto más directo con la cultura occidental allá por el siglo diecinueve, momento en el cual empezó este mestizaje tan curioso.
Oficialmente, en el país conviven cincuenta y seis grupos étnicos diferentes, siendo los Han la mayoría, pero lo interesante es que cada grupo ha sabido mantener sus propios dialectos y costumbres regionales a pesar de la integración. Incluso dentro de una misma etnia, las diferencias pueden ser enormes dependiendo de la zona donde vivan. La base de todo este pensamiento colectivo viene del confucianismo y el taoísmo, a los que luego se sumó el budismo, formando lo que ellos llaman las tres enseñanzas que han moldeado su forma de ver la vida y el mundo.
Si hay algo sagrado en China es la familia, que ha sido el pilar de la sociedad desde siempre. Gran parte de lo que hacen en su día a día tiene que ver con el respeto a los padres y el culto a los antepasados, algo que se nota mucho en su forma de comportarse. Además, tienen una tradición arquitectónica que viene de hace más de dos mil quinientos años y que es inconfundible. Las fiestas tradicionales también son un momento clave, especialmente el Año Nuevo Chino o la Fiesta del Medio Otoño, donde todo el país se detiene para celebrar. Cada minoría étnica tiene sus propios festivales, así que desde el Tíbet hasta el sur tropical, siempre hay alguna cosecha o tradición tribal que celebrar con rituales y alegría.