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Información sobre Brasil

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Geografía e historia Brasil

Brasil es, sin lugar a dudas, un auténtico gigante que domina gran parte del mapa. Para que te hagas una idea de su magnitud, solo potencias como Rusia, China, Canadá y Estados Unidos logran superarlo en extensión territorial. Estamos hablando de un país que abarca casi la mitad de todo el continente sudamericano, extendiéndose por más de ocho millones y medio de kilómetros cuadrados de pura diversidad. Su ubicación lo convierte en un vecino omnipresente, ya que comparte fronteras con casi todos sus pares de la región, desde Argentina y Uruguay hasta Venezuela y las Guayanas.

Es curioso pensar que, en toda Sudamérica, los únicos que no limitan con este coloso son Chile y Ecuador. Sus fronteras terrestres son tan largas que superan los quince mil quinientos kilómetros, un número que marea a cualquiera. Pero no todo es tierra firme, porque hacia el este, Brasil se abre al inmenso Océano Atlántico. Su línea de costa es un espectáculo que se prolonga por más de siete mil kilómetros, ofreciendo paisajes que parecen sacados de una postal interminable.

La geografía de este lugar es tan variada que nunca deja de sorprender a quienes deciden explorarlo de verdad. No solo es el hogar de más del sesenta por ciento de la selva amazónica, sino que también esconde mesetas altísimas y una costa que parece no tener fin. En ese litoral te puedes topar con todo tipo de maravillas, desde manglares misteriosos y dunas gigantes hasta lagunas cristalinas y arrecifes de coral que son un tesoro bajo el agua. Es uno de esos lugares que, honestamente, hay que ver con los propios ojos al menos una vez en la vida.

Si miramos el mapa administrativo, el país se organiza en cinco grandes regiones geográficas, cada una con su propia personalidad. La joya de la corona es, por supuesto, la Amazonía, que funciona como un pulmón vital para todo el planeta. Se calcula que allí vive un tercio de todas las especies animales conocidas, lo que es una locura si lo piensas con calma. Además, el río Amazonas es una fuerza de la naturaleza sin igual, vertiendo más agua al océano que cualquier otro río en el mundo.

Este río es tan inmenso que atraviesa miles de kilómetros tierra adentro y guarda una quinta parte del agua dulce de la Tierra. En sus puntos más estrechos tiene un kilómetro y medio de ancho, pero cuando llega la época de lluvias, puede llegar a medir casi cincuenta kilómetros de lado a lado. Es un sistema fluvial tan potente que el país cuenta con doce regiones hidrográficas principales. Siete de ellas están dominadas por ríos masivos que terminan entregando sus aguas al Atlántico en un ciclo constante.

Por otro lado, tenemos las famosas tierras altas brasileñas, o el Planalto, que suelen estar a una altura manejable, por debajo de los mil doscientos metros. Estas zonas cubren gran parte del centro y sur del país y son el refugio de una flora y fauna que no verás en ningún otro lado. El punto más alto de toda esta geografía es el Pico de Neblina, que roza los tres mil metros de altura. Y si te acercas a la costa, verás que gran parte del relieve forma una especie de muro imponente que da la sensación de ser una muralla natural frente al mar.

No podemos hablar de este país sin mencionar a sus dos grandes metrópolis, San Pablo y Río de Janeiro. Son ciudades que figuran entre las más grandes del globo y que actúan como imanes para cualquiera que busque cultura y modernidad. Ambas tienen un legado histórico fascinante que se mezcla con una infraestructura de primer nivel. Es ese contraste entre la naturaleza salvaje de las fronteras y el ritmo frenético de estas ciudades lo que hace que Brasil sea un destino tan único y difícil de olvidar.

Regiones y centros turísticos Brasil

Naturaleza Brasil

Si nos ponemos a investigar sobre el pasado de estas tierras, nos daremos cuenta de que no siempre fueron como las conocemos hoy. Excavaciones arqueológicas realizadas cerca de lugares como Santarém o Monte Alegre nos cuentan una historia muy antigua. Resulta que estas zonas ya estaban habitadas desde hace al menos once mil años. En las tierras bajas del Amazonas se fueron formando comunidades muy diversas donde la gente vivía de la pesca, la caza y la agricultura, mientras que en las zonas más altas y secas predominaban los grupos de cazadores y recolectores.

Para cuando los europeos aparecieron por primera vez en escena, allá por finales del siglo quince, se estima que en la región vivían entre dos y seis millones de indígenas. Uno de los grupos más influyentes eran los que hablaban lenguas tupíes, que se asentaban principalmente a lo largo de la costa. Fueron ellos quienes tuvieron los primeros contactos con los exploradores portugueses y marcaron profundamente la cultura que se desarrollaría después. Lamentablemente, la llegada de los colonos trajo enfermedades para las que los nativos no tenían defensas, lo que causó una tragedia demográfica inmensa.

Muchos de los que lograron sobrevivir a las enfermedades sufrieron tratos muy duros bajo el dominio colonial. Con el paso de los siglos, gran parte de los ecosistemas originales, especialmente en las tierras altas del este, fueron desapareciendo. Bosques que antes eran frondosos y llenos de vida terminaron siendo talados para dar paso al desarrollo humano. Por ejemplo, los majestuosos bosques de pinos de Paraná, que antes cubrían las mesetas del sur, hoy son solo un recuerdo de lo que fueron.

Es triste, pero animales que antes se veían en libertad, como ciertos monos o loros de colores brillantes, ahora son difíciles de encontrar fuera de reservas o zoológicos. Muchas de las lagunas y pantanos de la costa, donde antes vivían caimanes y muchísimas aves, han sido reemplazados por puertos, salinas o edificios de apartamentos. El paisaje ha cambiado drásticamente y la naturaleza ha tenido que ir retrocediendo ante el avance de las ciudades y la industria.

En el noreste del país, donde el clima es más seco, las sabanas brasileñas no se parecen mucho a las africanas en cuanto a grandes manadas. Antes se podían ver jaguares y ocelotes merodeando por los bordes de los bosques, pero la caza los ha puesto en una situación muy delicada. La vegetación aquí es curiosa, con pastos duros y árboles retorcidos que forman lo que se conoce como caatinga. Este nombre viene de un término indígena que significa bosque blanco, porque en la época seca los árboles pierden sus hojas y todo adquiere un tono grisáceo y pálido.

La caatinga suele estar llena de cactus y arbustos bajos que crecen bastante separados unos de otros. También existen unas zonas llamadas agreste, que son un poco más húmedas y se encuentran cerca del río San Francisco o en las laderas de las montañas. Allí, los árboles espinosos pueden llegar a medir hasta nueve metros y crecen tan enredados que forman barreras casi imposibles de cruzar. Ni siquiera los vaqueros locales, que usan ropa de cuero para protegerse, se atreven a intentar pasar por algunos de esos muros naturales de ramas entrelazadas.

Clima Brasil

La cuenca del Amazonas es, sin duda alguna, el lugar con mayor variedad de plantas que existe sobre la faz de la tierra. Es un mundo aparte, un contraste total con las zonas de arbustos y sabanas que la rodean por el sur y el este. Al entrar en esta región te encuentras con selvas tropicales cerradas, pastizales que aparecen de vez en cuando y manglares que dominan las zonas donde el río se encuentra con el mar. Lo curioso es que, aunque hay muchísimas especies, los ejemplares de cada una suelen estar bastante repartidos, lo que ayuda a que las plagas no destruyan todo el bosque de golpe.

Si te paras en apenas media hectárea de este bosque, podrías encontrar más de doscientas cincuenta especies de árboles diferentes. Es una densidad de vida que cuesta procesar. Las copas de los árboles más gigantes forman un techo natural tan denso que casi no deja pasar la luz. De hecho, apenas un diez por ciento de los rayos del sol logran tocar el suelo del bosque. Por eso, la mayor parte de la acción ocurre arriba, en las diferentes capas de ramas que sirven de hogar a miles de seres vivos.

Los árboles más altos pueden alcanzar fácilmente los sesenta metros de altura. Imagínate eso, son como edificios de veinte pisos cubiertos de lianas, orquídeas y todo tipo de plantas que crecen sobre sus ramas. En ese mundo elevado es donde viven la mayoría de los insectos, serpientes, ranas trepadoras y una cantidad asombrosa de monos. Ni hablar de las aves, porque la diversidad de colores y cantos que se escucha allí arriba es algo que simplemente no tiene comparación con ningún otro lugar del mundo.

Cerca del canal principal del río Amazonas anidan cientos de especies de pájaros que dependen del agua para sobrevivir. En las orillas es muy común toparse con caimanes que toman el sol o con anacondas y boas que se mueven sigilosamente entre la vegetación. También es el territorio del carpincho, ese roedor gigante que parece tan tranquilo, y de otros mamíferos pequeños que han aprendido a vivir en un entorno que siempre está cambiando entre la tierra y el agua.

Si miramos bajo la superficie del agua, el espectáculo continúa con la misma intensidad. Se han identificado unas mil quinientas especies de peces, pero se cree que todavía faltan cientos por descubrir. Hay de todo: desde las famosas pirañas, que por cierto no todas comen carne como nos han hecho creer en las películas, hasta anguilas que dan descargas eléctricas. También hay casi quinientas clases de bagres y unos delfines de agua dulce que son realmente fascinantes de ver nadando entre los árboles inundados.

Uno de los habitantes más curiosos de estas aguas es la tortuga de agua dulce más grande que existe, conocida como Podocnemis. Pueden llegar a pesar unos setenta kilos, lo cual es una barbaridad para una tortuga de río. Lo más increíble es que este género de tortugas ya no existe en ninguna otra parte del mundo, salvo en la isla de Madagascar. Antes eran una parte fundamental de la dieta de los pueblos indígenas, pero hoy en día están protegidas porque corren el riesgo de desaparecer, aunque lamentablemente todavía hay gente que las busca de forma ilegal.

Transporte en Brasil

Brasil es un país tan inmensamente grande que, como es lógico, su clima no es el mismo en todas partes. Básicamente, podríamos decir que el territorio se divide en tres grandes zonas climáticas que marcan el ritmo de vida de su gente. Por un lado, está la zona ecuatorial, donde llueve prácticamente todo el año; esto ocurre sobre todo en la cuenca del Amazonas y en una franja pequeña de la costa. Es ese tipo de clima donde el calor y la humedad no te dan tregua, pero que mantiene la selva siempre verde y vibrante.

Luego tenemos la zona tropical, que abarca la mayor parte del centro del país y una pequeña porción del norte. Aquí la diferencia es que sí hay una estación seca bien marcada. Y finalmente, si te vas bien al sur, te encuentras con un clima que casi parece mediterráneo. Allí los inviernos son más frescos y los veranos calurosos. De hecho, en los meses de junio y julio, la temperatura puede bajar hasta los doce grados, algo que sorprende a muchos que piensan que en todo el país siempre hace un calor abrasador.

Un detalle que no hay que olvidar es que el ecuador cruza el norte de Brasil. Esto significa que en la mayor parte del país las estaciones van al revés de como funcionan en Europa o Estados Unidos. En la zona tropical, cuando llega el verano del sur, que es entre diciembre y marzo, es cuando más llueve. Es una época de tormentas fuertes pero que suelen pasar rápido, dejando el aire un poco más limpio después de la descarga.

La época seca, que va de junio a diciembre, es lo que los brasileños suelen llamar su verano, porque es cuando el sol brilla casi todo el día y hace bastante calor. En este tiempo los ríos bajan de nivel y es cuando aparecen playas de arena blanca en medio de los cauces y pequeñas islas que estaban sumergidas. Por el contrario, la temporada de lluvias, que va de diciembre a mayo, es a la que llaman invierno, aunque las temperaturas sigan siendo bastante altas.

En realidad, se podría decir que el verano en Brasil dura prácticamente todo el año. Cerca del ecuador la temperatura media suele rondar los veintiocho grados, lo que es ideal si te gusta el clima cálido. En las montañas del sur puede refrescar un poco más, mientras que en el centro el ambiente suele ser más seco. En la costa, sin embargo, el aire siempre tiene ese toque de humedad que te recuerda que el mar está a la vuelta de la esquina.

Durante los meses que ellos consideran invierno, entre junio y septiembre, las noches en lugares como Río de Janeiro pueden ponerse un poco frescas. No es un frío polar, ni mucho menos, pero se parece a un verano del norte de Europa. Puede que te toque algún día nublado o con un poco de llovizna, pero lo más normal es que el sol salga a calentar un rato. Es un clima muy agradable porque no llega a ser agobiante como en el pico del verano.

Si estás planeando un viaje, los meses que van de noviembre a marzo suelen ser los favoritos de la mayoría. Es cuando hace más calor, con temperaturas que se mueven entre los veintisiete y los treinta y tres grados, justo a tiempo para recibir el año nuevo o disfrutar de la locura del carnaval. De todas formas, Brasil es un destino que funciona bien en cualquier época del año. Sus climas extremas nunca son tan duros como para impedirte moverte y disfrutar de lo que cada región tiene para ofrecer.

Dinero y compras en Brasil

Moverse por un país de las dimensiones de Brasil requiere un poco de planificación, y la verdad es que el avión es una de las mejores opciones que puedes considerar. A veces, volar entre ciudades sale casi al mismo precio que ir en un autobús de larga distancia, y te ahorras muchísimas horas de camino. Brasil es el segundo país del mundo con más aeropuertos, solo por detrás de Estados Unidos, así que la red de vuelos es enorme. Lo ideal es reservar los billetes con tiempo, sobre todo si vas a viajar en fechas señaladas como Navidad, Carnaval o durante las vacaciones de julio y agosto.

Si prefieres ir por tierra, los autobuses también son una excelente alternativa y llegan a casi todos los rincones. A diferencia de los aviones, los autobuses suelen ser muy puntuales con sus horarios de salida. Los que recorren largas distancias suelen ser modernos y bastante cómodos, especialmente en la zona sur del país. En el norte y en la Amazonía, la calidad puede bajar un poco, pero cumplen su función. Cada ciudad tiene su terminal de autobuses, que llaman rodoviaria, y aunque suelen estar un poco alejadas del centro, tienen de todo, desde cajeros hasta duchas.

Alquilar un coche es una forma fantástica de conocer el país a tu propio ritmo y ver paisajes que de otra forma te perderías. Eso sí, tienes que tener en cuenta que el estado de las carreteras cambia mucho según donde estés. En el sur las vías suelen estar en buen estado, pero cuanto más te vas hacia el norte, la cosa se complica. En zonas como el Pantanal o el interior profundo, muchas rutas son de tierra y solo se puede pasar con un vehículo cuatro por cuatro, así que conviene informarse bien antes de lanzarse a la aventura.

Viajar en tren es algo casi imposible hoy en día, ya que nunca hubo una red ferroviaria muy extensa y muchas vías viejas se quitaron para hacer carreteras. Sin embargo, todavía quedan un par de rutas turísticas que son una maravilla. Una de las más famosas es la que va de Curitiba a Morretes, que ofrece unas vistas espectaculares de la selva. Otra opción interesante es el tren que une Belo Horizonte con Vitória, que te lleva desde el corazón de las montañas hasta la costa en un viaje muy auténtico.

En lugares como la cuenca del Amazonas, el barco sigue siendo el rey de los transportes. Allí los ríos son las verdaderas carreteras que conectan a la gente. Desde Manaos salen barcos hacia muchísimos destinos y hay opciones para todos los gustos y presupuestos. Por otro lado, dentro de las ciudades grandes como San Pablo o Río, el metro funciona de maravilla y es muy moderno. En ciudades más pequeñas, los autobuses y las furgonetas son lo más común, y en las zonas rurales es muy normal ver a la gente moviéndose en mototaxis, que son básicamente motos que te llevan de un lado a otro.

En cuanto al dinero, la moneda oficial es el real, que se introdujo en los años noventa para intentar estabilizar la economía. En las grandes ciudades las tiendas y centros comerciales cierran bastante tarde, así que siempre tienes tiempo para tus compras. Río y Salvador son los mejores lugares si buscas antigüedades o joyas, mientras que en Bahía lo que manda es el arte afrobrasileño y la cerámica. Las tarjetas de crédito se aceptan en casi todas partes, pero siempre es bueno llevar algo de efectivo para los mercados, donde todavía se puede regatear un poco el precio.

Principales atracciones Brasil

Brasil es uno de esos rincones del mundo que parece tener un imán especial porque tiene la capacidad de dejar contento a cualquier tipo de viajero que se anime a cruzar sus fronteras. Lo mejor de todo es que sus atractivos son tan variados que no importa si tienes pensado quedarte apenas unos días o si tienes la suerte de perderte por sus tierras durante todo un año seguido. Siempre vas a encontrar algo interesante que hacer y lugares que te van a dejar con la boca abierta, sin importar cuál sea tu estilo de viaje preferido.

Si eres de los que disfrutan perdiéndose en la historia de los lugares, o si prefieres la adrenalina de los deportes al aire libre, este país te va a recibir con los brazos abiertos. También hay espacio de sobra para los que solo buscan relajarse en una playa paradisíaca con un coco en la mano o para los que quieren irse de compras por ciudades vibrantes. Es un destino que abraza tanto a los amantes del riesgo como a los que buscan paz absoluta, logrando que todos encuentren su propio rincón especial en este territorio inmenso.

Una de las rutas más recomendadas para conocer la esencia del país empieza con la fuerza impresionante de las cataratas del Iguazú, que son un espectáculo natural que te deja sin palabras. Después de eso, el camino suele seguir hacia las playas de la Costa Verde, donde el verde de la vegetación parece fundirse directamente con el azul del mar. Es un recorrido que te permite ver lo mejor de la naturaleza antes de meterte de lleno en el bullicio de las grandes metrópolis.

No se puede entender Brasil sin pasar por São Paulo y Río de Janeiro, que son básicamente el corazón palpitante de la nación y dos de sus ciudades más emblemáticas. El viaje suele culminar con un toque histórico en Salvador de Bahía, que fue la primera capital colonial y donde el ambiente es simplemente mágico. Muy cerca de allí tienes las playas de Morro de São Paulo, el lugar ideal para desconectar del mundo y olvidarte de todas las preocupaciones del día a día.

Desde la década de los ochenta, el país ha visto cómo varios de sus tesoros eran reconocidos a nivel mundial, como ocurrió con Ouro Preto, Olinda, Salvador y la futurista Brasilia. Estos lugares fueron declarados Patrimonio de la Humanidad, una distinción que también alcanzó a varias zonas de la costa noreste a finales de los noventa. Pasear por estas ciudades es como viajar en el tiempo, viendo cómo se mezcla la arquitectura antigua con la vida moderna de una forma muy natural.

Si hablamos de símbolos, la estatua del Cristo Redentor se lleva todas las miradas, siendo el monumento más icónico y el punto que nadie se quiere perder cuando visita Río de Janeiro. Se terminó de construir allá por el año mil novecientos treinta y uno y, desde entonces, representa no solo a la ciudad, sino a todo el espíritu brasileño. Es impresionante pensar que es la escultura de estilo art déco más grande que existe en todo el planeta.

Por otro lado, el barrio de Copacabana es probablemente el lugar más elegante y famoso del centro de Río, conocido mundialmente por esa playa curva tan característica. Caminar por su paseo marítimo es encontrarse con una mezcla de hoteles que tocan el cielo, edificios residenciales llenos de historia y una vida social que nunca se detiene. Allí puedes encontrar desde cafeterías tranquilas y tiendas de moda hasta teatros y bares donde la música en vivo te invita a quedarte hasta tarde.

La arquitectura brasileña tiene otro gran referente en la Catedral de Brasilia, una estructura modernista que rompe con todos los moldes tradicionales y que fue diseñada por el gran Oscar Niemeyer. Es una verdadera joya visual que muestra la cara más vanguardista del país y cómo el hormigón puede volverse arte. Junto con el famoso Pan de Azúcar, que es ese pico redondeado que se levanta casi cuatrocientos metros sobre el nivel del mar, forman los puntos turísticos más importantes que definen la silueta del país.

Turismo en Brasil

La naturaleza en este rincón del mundo es algo que simplemente no se puede comparar con nada más, empezando por la inmensidad de la selva amazónica. Estamos hablando de bosques de hoja ancha donde la humedad se siente en cada respiro y la vida brota en cada centímetro cuadrado de tierra. Brasil es, sin lugar a dudas, la cuna de los paisajes más hermosos y cuenta con recursos naturales que parecen no tener fin a lo largo y ancho de todo su territorio nacional.

Por todo esto, el país se ha consolidado como uno de los destinos principales para quienes practican el ecoturismo, ofreciendo una cantidad de actividades que realmente impresiona a cualquiera. Los viajeros pueden pasar sus días observando la fauna silvestre en su estado más puro, haciendo caminatas por senderos que parecen sacados de una película o probando suerte con la pesca deportiva. También hay opciones para los que prefieren montar a caballo por el campo o explorar cuevas profundas que guardan secretos de hace miles de años.

En la región de la Amazonía, el turismo ecológico tiene una presencia constante, aunque es en el sur donde se ve otro tipo de movimiento muy fuerte. Las playas de Santa Catarina, por ejemplo, son el punto de encuentro favorito para muchísimos turistas, especialmente los que vienen desde Argentina buscando sol y olas. Es un ambiente muy animado donde la cultura de playa se vive con una intensidad única y las opciones de ocio son prácticamente infinitas.

Un punto aparte merecen las cataratas del Iguazú, que hoy en día están perfectamente conectadas con los grandes centros urbanos a través de buenas carreteras y rutas aéreas muy cómodas. Gracias a esta facilidad para llegar, más de un millón de personas, tanto locales como extranjeros, visitan este monumento natural cada año para maravillarse con el agua. Es un lugar que te hace sentir la fuerza de la tierra de una manera muy directa y que nadie debería dejar de visitar al menos una vez.

Si buscas algo más tranquilo, las playas vírgenes del noreste son un auténtico paraíso que está ganando cada vez más seguidores entre los viajeros que quieren escapar de las multitudes. Lo mismo ocurre con los parques nacionales que se encuentran en el interior del país y con todos esos sitios históricos que cuentan la historia de Brasil. El interés por estos lugares no para de crecer, ya que la gente busca experiencias más auténticas y conectadas con las raíces de la tierra.

No olvides llevar tu cámara bien cargada porque cuando estés frente al estruendo de las cataratas del Iguazú vas a querer capturar cada segundo de ese espectáculo visual. También es muy recomendable explorar las montañas de roca que parecen sacadas de otro mundo en la Chapada Diamantina, un lugar lleno de misterio y belleza. Es una zona perfecta para los que disfrutan de las largas caminatas y de descubrir rincones que parecen no haber sido pisados por el hombre en mucho tiempo.

Otra experiencia que se te queda grabada en la memoria es hacer un safari por el Pantanal, que es el humedal tropical más grande que existe en el mundo entero. Allí el ecosistema es tan rico que puedes encontrarte cara a cara con caimanes, capibaras y, si tienes mucha suerte, con el majestuoso jaguar en su hábitat natural. Es un viaje al corazón de la biodiversidad donde cada día te sorprende con un nuevo descubrimiento sobre la vida salvaje y el equilibrio de la naturaleza.

Para los que no pueden estar quietos y aman el agua, las costas brasileñas son un patio de juegos ideal gracias a su clima envidiable y a los vientos que soplan con la fuerza justa. El país ofrece condiciones perfectas para practicar surf, kitesurf, windsurf o sumergirse en las profundidades haciendo buceo en aguas cristalinas. Es un destino que combina la relajación total con la posibilidad de descargar adrenalina en el mar, haciendo que cada día de vacaciones sea una aventura diferente.

Alojamiento en Brasil

Las reservas naturales en estas tierras forman un mosaico de paisajes que parecen pintados a mano, con senderos que te llevan por montañas, cañones profundos y selvas espesas. Puedes caminar durante horas cruzando ríos y descubriendo cascadas escondidas en medio de la sabana o disfrutar de miles de kilómetros de playas que parecen no terminar nunca. Hay tantas opciones para hacer senderismo que podrías pasar meses recorriendo caminos diferentes sin aburrirte ni un solo segundo.

Cuando se trata de buscar un lugar donde dormir, las grandes ciudades ofrecen un abanico de posibilidades que se adapta a cualquier necesidad que tengas. La mayoría de los alojamientos más lujosos y exclusivos se concentran en Río de Janeiro, donde la hotelería ha alcanzado niveles de calidad realmente altos. Por otro lado, en las zonas montañosas de Minas Gerais y cerca de las famosas cataratas, puedes encontrar grandes centros de spa y resorts que están diseñados para el descanso total y el bienestar.

En los últimos años, el sector hotelero ha vivido un auténtico auge, especialmente en las ciudades situadas al noreste y en el sur del país, donde han brotado nuevos proyectos muy interesantes. La oferta de alojamiento es tan diversa como el propio paisaje brasileño, yendo desde rústicas cabañas de madera en plena selva amazónica hasta lujosas casas frente al mar en Bahía. No importa si buscas el sonido de los animales al despertar o el murmullo de las olas del mar, siempre habrá un sitio que encaje con lo que sueñas.

Para los viajeros que no escatiman en gastos y buscan lo mejor de lo mejor, existe un sello de calidad muy especial que sirve como garantía de excelencia en el servicio. Se trata de un distintivo que agrupa a los establecimientos con más encanto y personalidad, siendo la respuesta local a los estándares de lujo internacionales más exigentes. Sin embargo, lo bueno de este destino es que incluso si viajas con un presupuesto bastante ajustado, siempre vas a encontrar un lugar acogedor que te reciba con los brazos abiertos.

En general, se puede decir que la infraestructura turística está muy bien desarrollada, sobre todo en las rutas que son más frecuentadas por los visitantes. Puedes encontrar buenos sitios para quedarte en casi cualquier dirección que decidas tomar, ya sea que viajes por puro placer o por cuestiones de trabajo. Hay opciones para todos los bolsillos, aunque es importante tener en cuenta que los precios pueden cambiar bastante dependiendo del lugar exacto al que decidas ir.

Como es lógico, dormir en las ciudades más famosas, y especialmente en Río de Janeiro, suele ser bastante más caro que buscar alojamiento en pueblos pequeños o en zonas rurales más tranquilas. El contraste de precios es notable, así que siempre es buena idea planificar un poco el itinerario si quieres cuidar el bolsillo. Además, casi en todo el país los precios suelen subir cuando llega la temporada alta, que es cuando todo el mundo quiere estar de vacaciones y disfrutar de las fiestas.

Esta temporada de precios altos empieza normalmente una semana antes de Navidad y se extiende hasta que termina el famoso Carnaval, además de los meses de julio y agosto que coinciden con las vacaciones escolares. Durante estos periodos de tiempo, la demanda es tan alta que lo más inteligente es hacer tus reservas con bastante antelación para no quedarte sin lugar. Si te organizas bien, puedes conseguir sitios increíbles a precios razonables, pero si lo dejas para el último momento, seguramente te tocará pagar mucho más.

Viajar por aquí te permite descubrir que hay un alojamiento para cada personalidad, desde el que busca la aventura más pura hasta el que necesita todas las comodidades de la vida moderna. La infraestructura ha crecido de la mano con el aumento de turistas, asegurando que la experiencia de viaje sea cómoda y segura para todos los que deciden explorar este territorio. Al final, lo más importante es encontrar ese rincón donde te sientas como en casa mientras descubres todas las maravillas que te rodean.

cocina y vajilla Brasil

La comida típica de estas tierras es un reflejo directo de su historia y de todas las culturas que han pasado por aquí a lo largo de los siglos. La influencia de los portugueses fue enorme y marcó profundamente la manera en que se entienden las tradiciones y las costumbres en la mesa. Pero la cosa no se queda ahí, porque la gastronomía también ha tomado elementos de otros países europeos, de África, de sus vecinos de Sudamérica y hasta de Asia, creando una mezcla única.

Si viajas de una región a otra, notarás que los platos cambian muchísimo, aunque hay algunos ingredientes que siempre están presentes de una forma u otra. La carne fresca y el pescado tienen un papel protagonista en la dieta diaria de la mayoría de la gente, aprovechando la riqueza natural que tienen a mano. También se usan mucho los vegetales autóctonos como la mandioca y el ñame, junto con frutas tropicales que son una explosión de sabor, como el mango, la papaya, la guayaba y la piña.

De todos los ingredientes, la mandioca es probablemente el más importante y sagrado en todo el país, utilizándose como base para una cantidad increíble de platos tradicionales. Es un tubérculo cargado de almidón que sirve como la principal fuente de energía y carbohidratos para muchísimas familias, y existen variedades tanto dulces como amargas. Lo curioso es que hay que saber tratarla muy bien antes de comerla, porque en su estado natural contiene algunas sustancias que pueden resultar tóxicas si no se preparan adecuadamente.

Por eso mismo, lo mejor es dejar la cocina en manos de los expertos locales que saben exactamente cómo procesar el tubérculo para que sea totalmente seguro y delicioso. Una vez que la mandioca está lista, sus usos son casi infinitos, ya que se puede convertir en harina para hacer pasteles, panes o esos panecillos que tanto gustan a todo el mundo. También es muy común verla triturada y tostada hasta que se vuelve una guarnición seca y crujiente que acompaña perfectamente cualquier comida.

Hay un plato que no puedes dejar de probar llamado farofa, que es básicamente una guarnición muy popular hecha a partir de la harina de mandioca. Como la harina por sí sola puede ser un poco insípida, lo que suelen hacer es sofreír cebolla en bastante mantequilla o aceite para darle mucho sabor. A veces le añaden trocitos de bacon y perejil fresco antes de mezclarlo todo con la harina, creando un acompañamiento que se sirve siempre junto a la carne, el arroz y los frijoles.

La verdad es que la experiencia de comer aquí es descubrir cómo ingredientes tan sencillos pueden transformarse en algo lleno de matices gracias a la creatividad de la gente. Cada bocado cuenta una historia de barcos que llegaron de lejos y de raíces que ya estaban en la tierra mucho antes de que nadie más llegara. Es una cocina que se disfruta con los cinco sentidos y que suele ser muy generosa, perfecta para compartir en mesas largas con amigos o familia mientras se charla tranquilamente.

Además de los platos principales, los postres y las bebidas hechas con frutas frescas son algo que te cambia el humor al instante por su frescura y dulzor natural. La maracuyá y el ananá son las estrellas en muchos jugos que se venden en cada esquina, ofreciendo un alivio perfecto para los días de calor tropical. Al final, sentarse a comer es una de las mejores formas de conocer el alma de este país, porque en sus sabores se nota la alegría y la diversidad de su gente.

No importa si estás en un restaurante elegante o en un pequeño puesto callejero, la pasión por la buena comida es algo que se respira en todos lados por igual. Siempre hay un sabor nuevo por descubrir, una técnica que no conocías o un ingrediente exótico que te sorprende por su textura. Es un viaje culinario que complementa perfectamente las caminatas por la selva o los días de descanso en la arena, haciendo que la experiencia de viaje sea completa y muy satisfactoria.

Cultura y tradiciones Brasil

Este país es famoso en el mundo entero por ser un verdadero crisol de culturas, donde se han mezclado pueblos de todos los rincones para crear una identidad que es única. Esa esencia brasileña es algo que se siente en el aire apenas llegas, una forma de entender la vida que mezcla la alegría con una creatividad desbordante. Es fascinante ver cómo conviven tantas tradiciones distintas bajo un mismo cielo, logrando que cada persona aporte algo especial al conjunto de la nación.

En cuanto a los idiomas, el español tiene el rango de lengua oficial junto con otros idiomas que se escuchan con frecuencia como el inglés, el italiano, el alemán y el francés. El portugués también es una pieza fundamental de este rompecabezas lingüístico que muestra lo abierta que es la sociedad a las influencias externas. Esta diversidad hace que comunicarse no sea tan complicado y que siempre haya una forma de entenderse con la gente local, que suele ser muy abierta y comunicativa.

La huella que dejaron las culturas africanas es especialmente fuerte en toda la zona de la costa, sobre todo en el tramo que va desde el noreste hasta llegar a Río de Janeiro. Esta influencia se nota en muchísimos aspectos del día a día, desde la forma de cocinar y las creencias religiosas hasta la música que suena en las calles. El baile más representativo de esta herencia es la samba, un ritmo que corre por las venas de los brasileños y que es capaz de mover a cualquiera.

A lo largo de los años, las tendencias que venían de Europa y América del Norte han influido mucho en el consumo cultural del país, a veces compitiendo con lo que se creaba localmente. Algunos expertos dicen que esto ha afectado un poco a la identidad nacional, pero la realidad es que los brasileños siempre encuentran la forma de adaptar esas influencias a su propio estilo. A pesar de los retos económicos o sociales que puedan enfrentar, la gente nunca pierde esas ganas de celebrar y de crear arte en todas sus formas posibles.

Si nos fijamos en la historia del arte, la pintura empezó a tomar fuerza a finales del siglo dieciséis, muy influenciada por el estilo barroco que venía directamente desde Portugal. Esa estética dominó la escena artística durante mucho tiempo, hasta que en el siglo diecinueve se fundó una escuela oficial en Río de Janeiro para poner orden y marcar los nuevos estándares. Fue un paso importante para que el país empezara a desarrollar una visión artística propia, mezclando lo académico con lo popular de una forma muy interesante.

En las últimas décadas, ha surgido con mucha fuerza un género musical llamado funk, que nació en los años noventa en los barrios de Río de Janeiro. Esta música es mucho más que solo ritmo para bailar, es una expresión cultural muy profunda de las comunidades afrobrasileñas que viven en las favelas de la ciudad. Es una voz que cuenta sus propias historias y que ha logrado salir de los barrios humildes para sonar en todas las discotecas y fiestas del país, convirtiéndose en un fenómeno imparable.

Por supuesto, no se puede hablar de esta nación sin mencionar su pasión absoluta por el fútbol, que es casi como una religión para la gran mayoría de la población. Pero no todo es balón pie, porque otros deportes como el baloncesto, el tenis y el voleibol también tienen muchísimos seguidores y han dado grandes campeones internacionales. El éxito de sus deportistas en el escenario mundial es una fuente de orgullo constante y un ejemplo de la dedicación y el talento que hay en estas tierras.

Finalmente, hay que recordar que este es el hogar del Carnaval, esa fiesta que todo el mundo conoce y que llena las calles de color, música y baile durante varios días seguidos. Pero más allá de ese evento masivo, existen muchísimos festivales locales y desfiles callejeros que mantienen viva la chispa cultural durante todo el año. Es una escena musical y artística que no se parece a ninguna otra cosa que hayas visto antes, donde la energía de la gente es el motor que lo mueve todo.

Clima en Brasil

El tiempo por mes

Enero

+29° С +26° С
+29
+26
Enero

Febrero

+29° С +26° С
+29
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Febrero

Marzo

+28° С +26° С
+28
+26
Marzo

Abril

+27° С +25° С
+27
+25
Abril

Puede

+25° С +23° С
+25
+23
Puede

Junio

+24° С +23° С
+24
+23
Junio

Julio

+24° С +22° С
+24
+22
Julio

Agosto

+26° С +22° С
+26
+22
Agosto

Septiembre

+27° С +22° С
+27
+22
Septiembre

Octubre

+28° С +22° С
+28
+22
Octubre

Noviembre

+28° С +23° С
+28
+23
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