Вход Регистрация

Логин / email

Пароль

Забыли пароль? или войти с помощью

Восстановление пароля

Регистрация

Email

Пароль

Регистрируясь, Вы соглашаетесь с правилами
Abjasia

Información sobre Abjasia

Abjasia
Abjasia
Abjasia
Abjasia

Geografía e historia Abjasia

Abjasia es conocida por sus habitantes como Apsny, un nombre que suena casi poético y que se traduce literalmente como el País del Alma. Esta denominación no es casualidad, ya que describe perfectamente la calidez con la que esta tierra recibe a todo aquel que decide cruzar sus fronteras. Existe una canción tradicional muy querida que compara a la región con un niño pequeño que es abrazado con ternura por las montañas, mientras el mar acaricia sus orillas como si fueran manos suaves. Es una imagen muy potente que resume la geografía y el sentimiento de pertenencia de este pequeño rincón del Cáucaso.

Si miramos el mapa mundial, nos daremos cuenta de que es un territorio realmente diminuto, ocupando apenas una quinta parte de lo que sería la región de Moscú. Se extiende de forma alargada junto a las aguas del Mar Negro, protegida en todo momento por la imponente cordillera del Cáucaso. Sus límites geográficos son sencillos, pues solo tiene frontera con Rusia y Georgia. Lo más impresionante es que casi el setenta por ciento de su superficie está dominado por montañas escarpadas y picos que quitan el aliento.

Entre las cumbres más destacadas encontramos el Dombay-Ulgen, que supera los cuatro mil metros, junto a otros gigantes como el Ertsakhu y el Marykhu. Desde estas alturas vertiginosas, el terreno va descendiendo suavemente hacia la costa, creando un paisaje de contrastes increíbles. Al final del camino, nos topamos con una extensa línea de playas compuestas principalmente por guijarros. Este relieve tan accidentado es el responsable de que el país esté lleno de lagos cristalinos, ríos caudalosos y cascadas que parecen sacadas de una postal.

La historia geológica de la zona también ha dejado su huella en forma de fuentes de aguas minerales y termales. Desde tiempos remotos, los habitantes locales han sabido aprovechar las propiedades curativas de estos manantiales, especialmente en aldeas como Tskuara y Pskhu. Las leyendas de las antiguas culturas del Cáucaso Occidental ya mencionaban estos pozos de bienestar. Es fascinante pensar cómo el conocimiento sobre estas aguas alcalinas se ha transmitido de generación en generación hasta nuestros días.

Como ha sucedido con muchos pueblos pequeños a lo largo de los siglos, los abjasios han tenido que luchar con uñas y dientes para mantener su identidad. Grandes imperios como el romano, el bizantino o el otomano intentaron en diversas ocasiones anexionarse estas tierras, pero nunca lograron doblegar del todo el espíritu local. Fue en el siglo séptimo cuando se consolidó el primer estado propio, el Reino de Abjasia. A lo largo del tiempo, han tenido alianzas complejas, formando parte de coaliciones con sus vecinos y con el Imperio Ruso.

Durante la época de la Unión Soviética, la región vivió una especie de época dorada al ser declarada el balneario oficial de toda la unión. Era el destino preferido para quienes buscaban descanso y salud en un entorno privilegiado. Tras la disolución de la URSS, el camino hacia la independencia no fue precisamente sencillo y estuvo marcado por conflictos bastante duros. Sin embargo, hoy en día se presenta como un país extremadamente hospitalario y luminoso, con una gente de gran corazón que espera con los brazos abiertos a los viajeros.

Regiones y centros turísticos Abjasia

Naturaleza Abjasia

La naturaleza en este rincón del mundo es algo que realmente te deja sin palabras debido a su exuberancia y a sus vistas espectaculares. Al caminar cerca de la costa, es imposible no notar las enormes hojas de las palmeras que regalan una sombra muy agradecida en los días de calor. Si decides subir hacia las laderas de las montañas, el paisaje cambia radicalmente para dar paso a densos bosques de robles, abetos y bojes. Es un entorno que parece no haber sido tocado por el hombre en siglos, manteniendo una pureza difícil de encontrar en otros lugares.

Cuando llegas a una altitud de aproximadamente dos mil metros, el bosque se retira para dejar espacio a los prados alpinos, que en verano se llenan de colores vibrantes. En las zonas más espesas de la media montaña, todavía es posible encontrar fauna salvaje en su estado natural. No es raro que los lugareños hablen de avistamientos de osos, jabalíes o corzos que campan a sus anchas lejos del ruido humano. Es un ecosistema muy equilibrado donde la vida salvaje sigue sus propios ritmos sin muchas interrupciones.

Para proteger toda esta riqueza, casi el diez por ciento del territorio nacional ha sido designado como zona protegida o reserva natural. Una de las más destacadas es la reserva de Pitsunda-Mussera, que se encuentra justo en la franja costera. Este lugar es famoso por albergar un bosque único de pinos de Pitsunda, además de ejemplares de roble ibérico que son auténticas reliquias vivientes. También puedes encontrar plantas endémicas fascinantes, como el brezo arbóreo o el curioso madroño, que le dan un toque especial al paisaje litoral.

En el corazón de las montañas se sitúa la reserva de Pskhu-Gumista, un lugar que se enorgullece de sus bosques vírgenes de abetos y hayas. Muchos de los árboles que crecen aquí han superado ya el siglo de vida, y algunos ejemplares alcanzan alturas asombrosas de hasta setenta y ocho metros. Es un sitio donde te sientes pequeño ante la majestuosidad de la flora. Caminar por estos senderos es como retroceder en el tiempo y conectar con la esencia más pura de la tierra.

Otro de los grandes tesoros es el Parque Nacional de Ritsa, una extensión enorme que abarca casi cuarenta mil hectáreas y todos los climas posibles de la región. Este parque es mundialmente conocido por sus lagos, siendo el Lago Ritsa el protagonista absoluto, seguido de cerca por el Lago Azul. Este último tiene un color tan intenso que parece un pedazo de cielo que ha caído directamente sobre el suelo. Es un lugar que suele estar en la lista de todos los visitantes por su belleza casi irreal.

Si te alejas un poco de las rutas más transitadas por los turistas, podrías tener la suerte de cruzarte con un ciervo noble, un animal bastante raro de ver por estas latitudes. Para los que disfrutan de las caminatas largas y el senderismo, lo más recomendable es buscar a algún guía local experimentado. Todavía no hay muchas rutas de larga distancia señalizadas de forma oficial en el Parque Nacional, por lo que ir acompañado de alguien que conozca el terreno es fundamental. La experiencia de descubrir estos rincones de la mano de un lugareño no tiene precio.

Clima Abjasia

Una de las experiencias más accesibles y gratificantes para los amantes del senderismo es subir al monte Mamdzyishkha, que se encuentra muy cerca de la ciudad de Gagra. Esta cima se eleva casi mil novecientos metros sobre el nivel del mar y forma parte del imponente macizo de Arabika. Es un lugar fascinante porque marca la frontera exacta entre la comodidad de la civilización y la naturaleza más salvaje. Tienes varias opciones para llegar arriba, dependiendo de cuánta adrenalina busques en tu viaje.

Muchos optan por subir en coche a través de una carretera serpenteante de unos treinta kilómetros que ofrece vistas increíbles a cada paso. También existen excursiones en jeeps para los que prefieren un toque más aventurero tipo safari. Durante el ascenso, hay tres miradores estratégicamente situados donde es obligatorio parar para hacer fotos y disfrutar del aire puro. Los últimos cinco kilómetros para llegar a la cima se deben hacer a pie por un sendero estrecho que se adentra en la montaña.

Desde este camino principal sale una pequeña senda que lleva hacia unas cuevas cársticas que muy pocos se atreven a explorar por su dificultad. Un poco más lejos de la ruta principal, es habitual ver a pastores locales cuidando sus rebaños de vacas y caballos. Estos pastores viven en unas cabañas sencillas llamadas balaganes, y su hospitalidad es legendaria entre los viajeros. Son personas humildes y muy amables que siempre están dispuestas a recibir a un caminante cansado para que recupere fuerzas.

Es muy probable que te inviten a pasar, quieran charlar un rato sobre la vida y acepten con gusto algún detalle de comida o pan que lleves contigo. A cambio, suelen ofrecer queso casero y leche fresca, productos con un sabor que difícilmente encontrarás en un supermercado. La vista desde la cima de la montaña es algo que se queda grabado en la memoria para siempre. Por un lado ves la inmensidad de las montañas y por el otro el azul profundo del mar.

El colorido de la zona es espectacular, con verdes intensos y un manto de flores que incluye tulipanes negros, edelweiss y delphiniums. A veces, las nubes suben hasta la cima y lo envuelven todo en una niebla espesa, creando una atmósfera mágica y misteriosa. Esto ocurre principalmente durante la primavera y el verano, ya que durante el resto del año la nieve suele cubrir la cumbre. El clima en el país es muy variado debido a los cambios de altitud, pasando de lo subtropical a lo gélido en pocos kilómetros.

La costa, que se extiende por más de doscientos kilómetros, disfruta de un clima subtropical que permite el crecimiento de palmeras siempre verdes. Los veranos aquí son calurosos y los inviernos bastante suaves, lo que atrae a mucha gente buscando buen tiempo. La temporada para bañarse en el mar arranca a finales de mayo y se suele alargar hasta los primeros días de octubre. En los meses centrales del verano, las temperaturas oscilan entre los veinticinco y los treinta y dos grados, y lo mejor es que casi nunca llueve.

Transporte en Abjasia

La temperatura del agua al comienzo de junio suele rondar los veintiún grados, lo que resulta ideal para un chapuzón refrescante que te despierte los sentidos. Para mediados de agosto, el mar se calienta considerablemente llegando hasta los treinta grados, y es entonces cuando el calor extremo empieza a remitir. En ese momento comienza lo que los lugareños llaman la temporada de terciopelo, que abarca todo el mes de septiembre. Mucha gente considera que esta es la mejor época para disfrutar de las playas sin el agobio del calor intenso.

La primavera en la zona costera llega casi sin avisar, y ya en marzo puedes ver cómo todo empieza a florecer mientras el ambiente se caldea rápidamente. Los inviernos son muy cortos y tienen ese olor característico a las mandarinas locales que inundan todos los mercados. Durante los meses más fríos, las temperaturas suelen mantenerse entre los nueve y los once grados de media. Es un clima tan agradable que en pleno enero puedes pasear tranquilamente usando solo un abrigo ligero sin pasar nada de frío.

Ver caer nieve junto al mar es algo sumamente extraño, y si llega a nevar, suele ser una nieve muy húmeda que se derrite en cuanto toca el suelo. Las precipitaciones no son muy frecuentes, de hecho, se dice que el sol brilla unos trescientos días al año en esta región. La mayor parte de las lluvias se concentran entre el final del otoño y el principio de la primavera. La cordillera del Cáucaso actúa como una barrera natural que protege el país de los vientos fríos del continente y retiene la humedad.

Por esta razón, en lugares como Gagra, donde las montañas están casi pegadas al mar, la humedad suele ser bastante elevada. En cambio, en zonas más llanas como Pitsunda, el aire se siente mucho más seco y ligero. A medida que subes en altura, el clima cambia rápidamente; a partir de los cuatrocientos metros ya se nota un ambiente más templado. Si planeas hacer una excursión de un día a lugares como la cascada de Geg o el cañón de Yupshar, es mejor que lleves algo de ropa de abrigo.

En cuanto al transporte, la carretera principal del país corre paralela a la costa y es la columna vertebral de las comunicaciones. Las furgonetas compartidas, conocidas localmente como marshrutkas, son el medio más común para moverse entre los pueblos y las zonas turísticas. Estos vehículos empiezan a funcionar sobre las ocho de la mañana y los últimos suelen salir alrededor de las nueve de la noche. Durante la temporada baja, es importante tener en cuenta que el servicio termina un par de horas antes.

Los taxis son una opción bastante económica y es totalmente normal regatear un poco el precio antes de subir. Siempre es buena idea preguntar a algún local cuál es el precio aproximado de un trayecto para no terminar pagando de más. También existe una línea de ferrocarril que conecta la frontera con la capital, Sujum, facilitando la llegada de trenes de larga distancia. Para visitar los puntos de interés más alejados, lo ideal es disponer de un coche, aunque conducir aquí requiere cierta precaución y experiencia debido al estilo de conducción local.

Dinero y compras en Abjasia

En cuanto al tema del dinero, es fundamental saber que todos los pagos y transacciones se realizan en rublos rusos. Aunque estemos en la era digital, aquí el dinero en efectivo sigue siendo el rey, y las tarjetas solo se aceptan en establecimientos grandes o muy modernos. Si llevas dólares, puedes cambiarlos sin problemas en los bancos de las ciudades principales siguiendo el tipo de cambio oficial. También es posible sacar dinero de los cajeros automáticos, aunque es muy probable que tu banco te cobre una comisión por la operación.

En general, los precios aquí suelen ser más asequibles que en las zonas turísticas vecinas como Sochi. Por ejemplo, alquilar una hamaca en la playa puede costarte hasta tres veces menos que al otro lado de la frontera. Incluso la gasolina resulta más barata, por lo que muchos aprovechan para llenar el depósito antes de salir. Si quieres comprar fruta fresca y de calidad, lo mejor es alejarse de los puestos de la playa e ir directamente a los mercados locales. Es allí donde se encuentra el verdadero producto de la tierra.

La mayoría de las frutas locales alcanzan su punto óptimo de maduración hacia agosto, cuando los puestos se llenan de higos, melocotones, nectarinas y uvas. Sin embargo, ya desde finales de mayo puedes encontrar fresas dulces, cerezas y nísperos deliciosos. Durante el invierno, en plena temporada de cítricos, es increíble ver cómo venden sacos enormes de mandarinas por precios simbólicos. Comer fuera también es económico; un menú completo en un restaurante sencillo puede salirte realmente barato, y una buena ración de carne a la brasa no te arruinará el presupuesto.

Los productos locales como la repostería tradicional, el vino de la zona o el agua mineral son excelentes y tienen precios muy bajos. Si buscas un regalo típico para llevar a casa, los vinos con nombres como Apsny o Lykhny son una apuesta segura y muy apreciada. Además de los típicos imanes de nevera, los viajeros suelen comprar regalos comestibles que tienen mucho éxito. Los dulces naturales como la chuchjela, que se hace con frutos secos y zumo de uva, son imprescindibles en cualquier maleta.

La miel de las abejas locales también es muy valorada por su sabor único, resultado de la mezcla de flores silvestres de la alta montaña. Algo curioso es que muchos apicultores todavía usan troncos huecos en lugar de colmenas modernas para criar a sus abejas. Otros productos que no puedes dejar pasar son los quesos caseros, como el famoso suluguni o incluso variedades hechas con leche de búfala. Son quesos con un sabor intenso que representan perfectamente la gastronomía tradicional de la región.

Finalmente, no puedes irte sin un poco de té de las plantaciones de montaña o un frasco de adjika, que es la salsa picante reina de la cocina local. Este condimento es esencial en casi todos sus platos y tiene un aroma y un sabor que te transportarán de vuelta a este país nada más abrir el bote. Comprar estos productos en los mercados pequeños es una forma estupenda de apoyar a los productores locales y llevarte un trozo auténtico del País del Alma contigo.

Principales atracciones Abjasia

Abjasia es uno de esos lugares donde la naturaleza y la historia se dan la mano de una forma que te deja sin palabras. Si decides perderte por sus montañas o simplemente dar una vuelta por sus rincones más antiguos, te vas a encontrar con un montón de sorpresas que te hacen viajar en el tiempo. Es el sitio perfecto para desconectar de la rutina diaria, aprender un poco sobre cómo vive la gente de allí y disfrutar de unas vacaciones de verdad, sin prisas. Lo difícil no es encontrar qué hacer, sino decidir por dónde empezar porque cada rincón tiene su magia.

Si hablamos de paradas obligatorias, la vieja Gagra es la joya de la corona que te transporta a otra época. Aunque fue superpopular en los tiempos de la Unión Soviética, todavía conserva ese aire elegante de las construcciones de antes de la revolución que te atrapa nada más verlas. Pasear por su paseo marítimo mientras ves las palmeras y escuchas el mar es una gozada, sobre todo si aprovechas para sacar unas fotos increíbles en la famosa columnata. Y para cerrar el día, nada mejor que cenar en el restaurante Gagripsh, que es básicamente un icono del lugar con su estructura de madera tan característica.

Luego tienes el lago Ritsa, que es una auténtica pasada de sitio escondido en lo alto de las montañas. Está rodeado de bosques espesos y, si miras al horizonte, ves los picos de las montañas que siempre tienen algo de nieve, lo que crea un contraste de colores que parece sacado de una postal. El aire allí arriba es tan limpio y fresco que dan ganas de guardarlo en un frasco para llevártelo a casa. Es de esos lugares donde te quedas un buen rato callado, solo admirando el paisaje y sintiendo la paz que transmite el entorno.

Pero Abjasia no es solo paisajes naturales, también tiene una carga espiritual e histórica muy fuerte, como pasa en Nuevo Athos. Este lugar es famoso por su monasterio masculino del siglo diecinueve, una construcción impresionante de estilo neobizantino que destaca entre todo el verde de la zona. El interior es una maravilla porque los techos y paredes fueron pintados por maestros muy reconocidos y hasta tienen un reloj que fue un regalo personal del zar Alejandro tercero. Es un sitio que impone respeto y que te hace apreciar el arte religioso de una forma distinta.

Cerca de allí puedes bajar a las profundidades de la tierra visitando la cueva de Nuevo Athos, que es un mundo aparte. Te llevan por unos senderos ya preparados que se meten en el corazón de la montaña, donde la acústica es tan buena que te deja con la boca abierta. Ver las estalactitas y estalagmitas que han tardado miles de años en formarse, junto a esos lagos subterráneos, te hace sentir lo pequeños que somos frente a la naturaleza. Es una experiencia un poco misteriosa pero que vale muchísimo la pena vivir de cerca.

Si te gusta la fuerza del agua, no puedes dejar de ir a la cascada de Guega, que cae desde unos quinientos metros de altura con una potencia brutal. El agua se abre paso entre las grietas de la roca de una manera salvaje y el ruido que hace al caer es algo que te retumba en el pecho. Por otro lado, si te interesa más la parte histórica personal, las famosas dalias de Stalin son muy curiosas de visitar. Hay varias repartidas por los mejores sitios de Abjasia porque al líder no le gustaba cualquier sitio para descansar; visitarlas es como entrar en la mente de un personaje lleno de manías y miedos.

Finalmente, para los que disfrutan de las ruinas con historia, el castillo de Bagrat cerca de Sujumi es una parada genial. Son restos de una fortaleza del siglo diez que ahora están cubiertos de vegetación, lo que les da un toque muy romántico y antiguo. Y para terminar con algo de aventura, el cañón de Yupshara es como una cicatriz gigante en la tierra provocada por un terremoto. Caminar por ese pasillo estrecho con paredes altísimas de roca, donde apenas se ve una tirita de cielo arriba, es algo que te deja sin aliento y te recuerda el poder que tiene la geología.

Turismo en Abjasia

Mucha gente cuando piensa en Abjasia lo primero que se le viene a la cabeza son sus playas, y la verdad es que no les falta razón. El mar allí es una maravilla porque el agua es supertransparente y suele estar muy tranquila, lo que invita a meterse y no salir en todo el día. Tienes de todo un poco, desde playas con piedrecitas hasta otras de arena fina, así que hay opciones para todos los gustos. Lo mejor es que en verano el sol no falla casi nunca y, aunque vaya gente, siempre encuentras un hueco para estar a tu aire sin agobios.

Gagra es probablemente el destino playero más conocido de la zona porque dicen que tiene las aguas más cálidas de toda la costa del Cáucaso. La ciudad se divide en dos partes muy marcadas: la zona vieja, que es más estrecha y tiene un encanto histórico especial, y la zona nueva, que es mucho más moderna. Muchos la comparan con Sochi por el ambiente que tiene y por todos los servicios que ofrece a los que buscan comodidad. Es el sitio ideal si quieres combinar el sol con un poco de movimiento y vida urbana durante tus vacaciones.

Si lo que buscas es paz absoluta y un mar que parezca una piscina, entonces tienes que ir a Pitsunda sin pensarlo. Este sitio es famoso no solo por sus aguas quietas, sino también por un bosque de pinos centenarios que llega casi hasta la orilla del mar. El olor de los pinos mezclado con el salitre es algo que te relaja en un segundo y hace que el calor se lleve mucho mejor. Es un lugar con un microclima muy especial que mucha gente elige para desconectar del ruido del mundo y simplemente respirar aire puro.

Nuevo Athos también tiene su hueco en la lista de destinos de playa, pero con un toque diferente. Es perfecto para esos viajeros que no aguantan estar todo el día tumbados al sol y necesitan un poco de acción o cultura. Como tiene tantas cosas interesantes que ver a pocos pasos del mar, puedes pasar la mañana visitando monumentos y la tarde dándote un chapuzón. Es esa mezcla de relax y actividad lo que lo hace tan atractivo para los que quieren aprovechar el tiempo al máximo sin renunciar al descanso.

Sujumi, que es la capital, ofrece una experiencia mucho más completa con sus hoteles, restaurantes y su famoso paseo marítimo lleno de magnolias. Tienes unos veinte kilómetros de costa para elegir, principalmente de grava, donde puedes disfrutar del mar y luego irte a cenar a un sitio con buenas vistas. Es una ciudad que se siente muy viva, con sus parques llenos de eucaliptos y esa brisa marina que lo inunda todo. Pasear por allí al atardecer es una de esas cosas sencillas que se quedan grabadas en la memoria.

Para los que quieren algo mucho más auténtico y menos turístico, Ochamchira y Gudauta son las mejores opciones. Ochamchira es un rincón muy tranquilo donde las playas están casi vacías y te sientes más como un vecino que como un visitante. Por otro lado, Gudauta es un pueblo sencillo, con su calle principal y sus casas particulares, lejos de todo el jaleo de los grandes complejos. Son los lugares perfectos si lo que te apetece es vivir el día a día de Abjasia, sin pretensiones y disfrutando de la sencillez del entorno rural.

Alojamiento en Abjasia

Pero Abjasia no es solo costa; si miras hacia arriba te encuentras con unas montañas que son un espectáculo total. Hay de todo: cañones profundos, laderas que parecen paredes de árboles y picos que se mantienen blancos incluso cuando abajo hace calor. Ver cómo los ríos bajan con toda la fuerza desde las alturas y se convierten en cascadas enormes es algo que no te cansas de mirar. No es raro que en la época soviética este fuera el destino favorito de los políticos más importantes porque el paisaje es de esos que te reinician la cabeza.

Hoy en día, la gente sigue viniendo aquí para lo que ahora llamamos un "reset" o una desconexión total. El aire que se respira en el interior del país es tan puro que parece que te limpia los pulmones con cada bocanada, sobre todo por los aceites esenciales de los pinos y eucaliptos. Hay muchos balnearios y pensiones antiguas que se han mantenido para ofrecer este tipo de descanso basado en la salud. Es una experiencia muy física, donde sientes que el cuerpo agradece estar lejos de la contaminación y el ruido de las grandes ciudades.

Si me preguntasen cuándo es el mejor momento para disfrutar de la montaña, yo diría que en primavera, cuando todo empieza a florecer. En esa época todavía no han llegado las masas de turistas del verano y puedes tener los senderos casi para ti solo. Además de que las fotos salen increíbles con tanto verde y flores, te sale todo mucho más barato, desde el alojamiento hasta los guías locales. Es el momento perfecto para conectar con la naturaleza de forma más íntima y sin gastar una fortuna en el intento.

Otra cosa que atrae a muchos son las fuentes de aguas termales sulfurosas, que se pueden disfrutar durante todo el año. Bañarse en estas aguas calientes llenas de minerales es mano de santo para la piel y para los dolores de las articulaciones. Hay gente que prefiere venir en pleno invierno para sentir el contraste del agua caliente con el frío del aire de las montañas. Es una sensación superagradable estar ahí metido mientras ves las cumbres nevadas a lo lejos, algo que no tiene nada que ver con el calor pegajoso del verano.

Últimamente, también se ha puesto muy de moda entre los fotógrafos y creadores de contenido visitar los sitios abandonados que hay por todo el país. Abjasia está llena de fábricas que ya no funcionan, ciudades que se quedaron vacías y hasta estaciones de tren que parecen sacadas de una película de ciencia ficción. La naturaleza ha ido reclamando su lugar y ver cómo las plantas crecen entre el hormigón tiene un punto muy poético y decadente. Es como explorar un mundo postapocalíptico pero en un entorno precioso, lo que lo hace muy atractivo para los curiosos.

En cuanto a dónde quedarse, en Abjasia hay opciones para todos los bolsillos y eso es algo que se agradece mucho. En los centros turísticos principales han ido apareciendo hoteles de cuatro estrellas bastante modernos y bien equipados. También hay complejos de bungalows y cabañas de madera en la montaña que son una pasada para los que buscan algo con más personalidad. Muchos de los edificios de la época antigua se han renovado por completo para adaptarse a lo que pedimos hoy en día, así que la oferta es bastante variada.

Hay muchísimos hoteles de tres estrellas y opciones más sencillas que funcionan muy bien si solo buscas un sitio limpio para dormir. Lo que sí hay que tener en cuenta es que allí las estrellas son un poco orientativas, porque no hay un sistema oficial como en otros países. Lo mejor es mirar fotos recientes y leer lo que dice la gente que ha estado hace poco para no llevarse sorpresas. Algunos hoteles tienen piscina y spa, pero no siempre el desayuno va incluido, así que conviene fijarse bien en lo que estás reservando antes de llegar.

cocina y vajilla Abjasia

Si quieres conocer la verdadera comida de Abjasia, tienes que probarla allí mismo, no hay otra forma de captar su esencia. El secreto no tiene mucha ciencia: ingredientes frescos del día y el toque de alguien que ha crecido cocinando esas recetas en su casa. Es una cocina sencilla, sin muchas complicaciones, pero que te deja bien lleno y satisfecho. Eso sí, prepárate porque les gusta mucho el picante, sobre todo por la ajika, que es una pasta de pimiento rojo y especias que le echan a casi todo.

La dieta nacional se apoya en unos pilares muy claros: la carne de vaca o cabra, el queso en salmuera, las tortitas de maíz y, por supuesto, el vino. Ninguna comida que se precie en Abjasia puede considerarse completa si falta alguno de estos elementos en la mesa. Aunque se parece un poco a la comida de otras zonas del Cáucaso, aquí tienen sus propios trucos y platos estrella. Uno de los más típicos es la abysta o mamalyga, que es una masa de harina de maíz que se sirve muy caliente con trozos de queso derretido dentro.

También es muy famoso el asado de cordero o ternera, donde intercalan trozos de carne con grasa y lo van regando con zumo de granada mientras se cocina al fuego. El resultado es una carne jugosa y con un sabor increíble que se acompaña siempre con verduras frescas y un buen pegote de ajika. Los locales también valoran mucho el pollo preparado al fuego y la trucha de río que hacen a las brasas. Y para picar, nada como los platos de judías con nueces y especias o las berenjenas rellenas que tienen un toque picante muy rico.

El postre o las meriendas suelen incluir cosas como castañas cocidas aliñadas o el achan, que es una especie de pastel de queso muy generoso. Las mujeres de allí no escatiman con el queso, utilizan uno que todavía no ha madurado del todo para que la textura sea perfecta. Todo esto se baja mucho mejor con una jarra de vino local, que suele ser bastante ligero y fácil de beber. De hecho, el vino es una parte fundamental de la cultura y ayuda a que los sabores de la comida resalten mucho más.

Para los que prefieren algo con más fuerza, después de cenar es habitual tomarse una copita de chacha, que es un aguardiente de uva bastante potente. Los vinos de Abjasia son muy variados, desde algunos dulces hasta tintos y blancos bien secos que tienen mucha personalidad. Lo curioso es que, dependiendo de la altura a la que se cultive la uva, el sabor cambia totalmente aunque sea la misma variedad. Merece la pena probar unos cuantos tipos diferentes para encontrar el que más te guste, siempre con moderación, claro.

El queso casero es una historia aparte porque lo comen a todas horas y de mil formas distintas. Es tan rico que dan ganas de llenar la maleta con él para traerlo de vuelta, aunque luego es un lío por el tema de las aduanas y porque no aguanta mucho tiempo fuera de la nevera. La mejor forma de disfrutar de toda esta gastronomía es yendo a una apatsja. Son restaurantes tradicionales construidos como casitas de mimbre donde cocinan a la vista sobre una hoguera abierta, lo que le da un ambiente muy auténtico y acogedor.

Si prefieres algo un poco más elegante, hay restaurantes históricos en las ciudades principales que sirven lo mismo pero con un servicio más refinado. Son sitios con mucha clase donde el vino se sirve en copas finas y el ambiente es más de celebración, ideales para un cumpleaños o algo especial. Pero si estás de paso, también hay un montón de cafeterías y comedores cerca de la playa que sirven platos más comunes y económicos. Al final, comas donde comas, la hospitalidad de la gente va a hacer que te sientas como en casa.

Cultura y tradiciones Abjasia

La cultura de la gente en Abjasia se rige por un código de conducta que ellos llaman apsuara, que es como una guía de vida que no está escrita en ningún libro. Se basa en cosas fundamentales como el valor, la nobleza, saber aguantar el tipo y, por encima de todo, el respeto hacia los demás y la hospitalidad. En las familias hay una jerarquía muy clara y se nota mucho en cómo se tratan entre ellos. Los niños y los mayores tienen un trato muy especial y, cuando hay una reunión, el que habla lo hace siguiendo un orden establecido desde hace siglos.

El jefe de la familia suele ser el hombre de más edad y su palabra es la que corta el bacalao en los asuntos importantes. Los lazos entre parientes son superestrechos; para ellos, un primo cuarto es casi como un hermano de sangre. Esa unión tan fuerte es la razón por la que en Abjasia apenas ves residencias de ancianos o centros para niños huérfanos, porque la familia siempre se hace cargo de los suyos. Es una red de apoyo increíble que hoy en día es difícil de ver en otros lugares del mundo.

Algo que me llamó mucho la atención es que casi todo el pueblo se agrupa bajo unos pocos apellidos que funcionan como clanes gigantes. Si conoces a alguien que se apellida igual que tú, aunque sea de la otra punta del país, se consideran parientes y te van a recibir en su casa como si te conocieran de toda la vida. Por esta misma razón, está prohibido que dos personas con el mismo apellido se casen, porque las probabilidades de ser familia lejana son muy altas. De hecho, todavía hoy se mantiene la tradición simbólica de "raptar" a la novia, aunque suele ser algo ya hablado entre los dos.

Cuando conoces a alguien nuevo allí, lo primero que hacen es intentar ubicarte en el mapa de las familias: preguntan de quién eres hijo o cómo se llamaba tu abuelo. Una vez que ya saben de dónde vienes, entonces ya se relajan y pasan a hablar de otras cosas. Para ellos, un invitado es lo más sagrado que puede entrar por la puerta de casa. Si entra alguien en una habitación, todos los que están dentro se levantan para saludar, y si el que llega es una persona mayor, lo normal es no sentarse mientras dure la conversación con él.

Cuentan una historia muy buena sobre un extranjero que estaba en una cena tradicional y, después de beberse unos vinos, se levantó para dar un brindis. El hombre se enrolló un montón halagando a la mujer del anfitrión y terminó diciendo algo así como "¡por el amor!". Pues resulta que se hizo un silencio de tumba y el pobre hombre no sabía dónde meterse. El problema es que en Abjasia no se brinda por temas personales como el amor en público; esas cosas se consideran privadas y no se airean delante de todo el mundo.

No es que sean fríos, es que son muy reservados con sus sentimientos, y no verás a parejas dándose muestras de cariño de forma exagerada en la calle. Para las chicas jóvenes que siguen las tradiciones más estrictas, a veces es complicado porque incluso saludar a un extraño se ve como algo que no se debe hacer. Todavía hoy, en algunos pueblos pequeños, se juntan en asambleas populares para decidir sobre cosas que afectan a toda la comunidad. Es en sitios como el pueblo de Lyjy donde mejor se puede ver cómo protegen y mantienen vivas estas costumbres tan antiguas.

Clima en Abjasia

El tiempo por mes

Enero

+7° С +9° С
+7
+9
Enero

Febrero

+8° С +9° С
+8
+9
Febrero

Marzo

+9° С +9° С
+9
+9
Marzo

Abril

+14° С +11° С
+14
+11
Abril

Puede

+21° С +16° С
+21
+16
Puede

Junio

+25° С +19° С
+25
+19
Junio

Julio

+28° С +23° С
+28
+23
Julio

Agosto

+29° С +24° С
+29
+24
Agosto

Septiembre

+23° С +21° С
+23
+21
Septiembre

Octubre

+18° С +17° С
+18
+17
Octubre

Noviembre

+12° С +14° С
+12
+14
Noviembre

Diciembre

+9° С +12° С
+9
+12
Diciembre

Para organizar un viaje a Abjasia necesitarás

Vuelos
Alojamiento
Miel. seguro
Excursiones
Soporte de visas
Billetes de tren
Transferir
Billetes de autobus
Alquiler de coches
Alquiler de bicicletas y bicicletas
o Elija un recorrido ya preparado para Abjasia

Mirar Abjasia en el mapa

noticias de turismo